Utilizados principalmente para tratar la diabetes, los medicamentos GLP-1 ahora se han vuelto esenciales para los pacientes que intentan perder peso. Ampliamente utilizado en Estados Unidos, Ozempic y otros fármacos de este tipo tienen efectos secundarios bien conocidos como náuseas, cansancio o problemas digestivos. Pero además de estos síntomas físicos, algunos médicos notan un cambio en el estado psicológico de algunos pacientes.
Varios usuarios describen un “apatía extrema”: sin tristeza, sin entusiasmo. La psicóloga Sera Lavelle habla de una chispa perdida: la pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba, la falta de motivación o la indiferencia hacia cosas que antes provocaban alegría o entusiasmo. Este fenómeno no es una depresión clásica (los pacientes no sienten que están “tocando fondo”), sino más bien una incapacidad para experimentar placer.
Esta observación, descrita por Vox, aún no ha sido confirmada por grandes estudios clínicos, pero los investigadores ya tienen una teoría. El GLP-1 modificaría los circuitos cerebrales vinculados a la dopamina y la recompensa, yendo más allá de la simple regulación del apetito al influir en la sensación de saciedad. Los mismos circuitos implicados en el deseo de comer también pueden utilizarse para la motivación social, para dar interés a proyectos personales o para encontrar placer en las relaciones humanas.
Para algunos pacientes, especialmente aquellos con trastornos alimentarios graves, esta reducción de las señales de recompensa puede resultar beneficiosa. De hecho, reduce el ruido mental relacionado con la comida y te ayuda a recuperar el control. Pero para quienes no tienen problemas de apetito, la molécula puede producir una sensación de desapego, como si la vida estuviera perdiendo interés.
Los investigadores subrayan la importancia de diferenciar este efecto de la depresión porque, en los casos observados, no se trata de una pérdida de la voluntad de existir, sino de una falta de sensibilidad hacia los deseos y motivaciones, que puede influir tanto en el deseo de comer como en otras formas de compromiso como jugar, salir, etc. Este matiz es fundamental para comprender el potencial impacto psicológico de los GLP-1, especialmente ahora que su uso está cada vez más extendido.
El debate científico sigue abierto. Algunos expertos ven este efecto secundario como una posible consecuencia de la modulación de los circuitos de recompensa del cerebro, pero enfatizan que es demasiado pronto para sacar conclusiones firmes sin una investigación más amplia.