Ignacio Riccio
“Se acabó… Domenico se ha ido”. Las palabras de Patrizia Mercolino se pierden entre los sollozos, mientras las lágrimas corren por su rostro frente a la entrada del hospital Monaldi. No hay palabras que puedan contener tanto dolor: su pequeño, su Domenico, después de semanas de lucha, perdió la batalla por la vida.
Cada gesto diario, cada sonrisa, cada caricia se ha convertido ahora en recuerdos conmovedores. Patrizia dice que pasó noches sin dormir junto a la cama de su hijo, hablando, cantando, acariciando su cabeza, esperando un milagro que nunca sucedió. “Ya no puedo tenerlo en mis brazos, ya no puedo escuchar su voz”, dijo con voz temblorosa. La pérdida de un hijo es un dolor que no se puede medir, una herida que no sana: cada rincón de la casa, cada objeto, cada juguete nos recuerda lo que no volverá.

Sin embargo, entre las lágrimas hay un rayo de esperanza: Patrizia quiere convertir esta tragedia en algo que pueda ayudar a otras familias. Anuncia que quiere crear una fundación en memoria de Domenico, para apoyar a quienes se encuentran en dificultades relacionadas con enfermedades graves en los niños. “Quiero que su nombre siga vivo, que su corta vida pueda ser útil para otros”, declara, apretando contra su pecho un peluche que siempre estuvo al lado de su hijo. El fundamento se convertirá en el medio para dar sentido al inmenso dolor, para transformar el sufrimiento en acción concreta.
Quienes la conocieron hablan de una mujer frágil e increíblemente fuerte, capaz de afrontar lo inimaginable y encontrar la fuerza para pensar en los demás, incluso en los momentos más oscuros. Los días pasados junto a Domenico se convirtieron en una advertencia: vivir intensamente cada momento, celebrar el amor que une a madre e hijo y dejar que el recuerdo de este pequeño corazón siga latiendo en el mundo, a través de gestos concretos de solidaridad.
Se acabó el calvario de Domenico, el niño de 2 años y medio al que le trasplantaron un corazón dañado. El pequeño falleció esta mañana a las 9:20 horas.#Tg1 pic.twitter.com/LGA2GQ51oi
– Tg1 (@Tg1Rai) 21 de febrero de 2026
Cada recuerdo es un pedazo de eternidad. Patrizia habla de la sonrisa de Domenico, de su risa, de los pequeños objetivos diarios que parecían grandes victorias. Recuerda los paseos, los juegos, las tardes leyendo libros e inventando cuentos. Ahora todo está en silencio, pero en el corazón de una madre cada momento permanece vivo, eterno.
El dolor es inmenso, pero Patrizia no lo deja en paz, lo transforma en promesa. Una promesa de que el nombre de Domenico nunca será olvidado, de que su vida, aunque corta, puede dejar una huella positiva y ayudar a quienes luchan con las mismas dificultades. Y mientras el mundo observa su dolor, una cosa está clara: el amor de una madre nunca se desvanece. Incluso cuando la vida nos quita lo que más amamos, ese amor sigue siendo indestructible, como un faro en la oscuridad.
El abogado Francesco Petruzzi, abogado que asesora a Patrizia, tomó la palabra para reiterar el compromiso concreto con este proyecto. “Una fundación en nombre de Domenico para todos los niños que no pueden ser trasplantados y para ayudar a todas las víctimas de mala praxis y negligencia médica”, explicó, anunciando que el lunes se creará oficialmente un comité para la creación de la fundación y una cuenta corriente específica. El abogado también lanza una advertencia. Actualmente circulan páginas y mensajes fraudulentos solicitando transferencias bancarias a nombre de Domenico. “Por favor, no donen a nadie: hay estafadores trabajando. Pediré ayuda a la policía postal para proteger a quienes quieran contribuir y proteger el nombre de Domenico”, añadió Petruzzi.
Así, incluso en los momentos más dolorosos, el recuerdo de Domenico se convierte en guardia, promesa y protección: la vida de un niño que, aunque corta, seguirá iluminando y protegiendo otras vidas.