A sus 35 años, Chloé Lopes Gomes es la feliz madre de una niña. Colabora con su marido para crear una compañía de danza. Este éxito no quedó escrito. Criada por un padre abusivo, tuvo que aferrarse a su sueño de convertirse en bailarina. Esta resiliencia, que la llevó a participar en numerosos ballets de prestigio en Europa, le permitió convertirse en la primera bailarina negra en incorporarse al Staatsballett Berlin. Una carrera de obstáculos para salir de su entorno y desafiar el racismo, que relató en un libro, el cisne negro (Acción, 2023). Para el mundoPiense en esos años cruciales que forjaron un destino extraordinario.
¿En qué entorno creciste?
En un ambiente bastante modesto: mi madre era ama de llaves, mi padre albañil. Soy el mayor de cuatro hijos: tengo dos hermanos y una hermana. Vivimos primero en Niza y luego, desde los 11 a los 14 años, en Marsella. Los recuerdos de mi infancia están marcados por el miedo. Mi padre era violento. Originario de Cabo Verde, conservaba el hábito de los castigos corporales desde su educación. Mi madre, francesa, había crecido en Ddass. (Dirección Departamental de Salud y Acción Social).
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