El nacimiento de un niño se presenta generalmente -y esto es natural- como un momento de gran felicidad. Si la depresión que puede seguir a un momento tan hermoso ahora es generalmente reconocida entre las mujeres, muchos padres también pueden sufrir esta “tristeza”. Malestar, cansancio intenso, sensación de desconexión, ansiedad o tristeza persistente, los síntomas son numerosos.
Mat Lewis-Carter, un padre londinense, cuenta en un artículo de New Scientist cómo se vino abajo poco después del nacimiento de su hija en 2021. No podía vincularse con ella y ponía excusas para huir de casa. “Recuerdo… no querer estar más ahí.” admite. Como muchos hombres, no comprende lo que está pasando, debido a la falta de información y reconocimiento social de esta condición.
Según una investigación reciente, el 8,4% de los padres sufre depresión posparto, frente al 13% de las madres. Aunque los hombres no experimentan los trastornos biológicos y hormonales del embarazo, comparten con las mujeres otros factores de riesgo como la falta de sueño, la presión financiera, una profunda transformación de la identidad y el estrés emocional. La salud mental de ambos padres está completamente conectada: si uno sufre, es probable que el otro sufra aún más.
A pesar de esto, estos síntomas han sido minimizados durante mucho tiempo, incluso invisibles. Dispositivos médicos y campañas de prevención dirigidas exclusivamente a las madres, sin informar a los padres que ellos también podrían verse afectados. Como resultado, muchos hombres interiorizan este malestar y sólo consultan tarde, cuando la situación empeora.
Reconocimiento gradual
Hoy en día la investigación médica está llenando este vacío. Están surgiendo herramientas de detección más inclusivas y algunos profesionales de la salud ahora incluyen a los papás en su seguimiento posnatal. Este desarrollo nos permite identificar signos tempranos de angustia como irritabilidad, retraimiento emocional o conductas de evitación, que a menudo son diferentes de los síntomas clásicos observados en las madres.
Los especialistas también destacan el impacto colectivo de este reconocimiento. Tratar la depresión posparto paterna no sólo mejora el bienestar del padre, sino también la relación de pareja y el desarrollo emocional del niño. La salud mental de los padres se convierte así en una cuestión familiar más que individual.
Mejor información sigue siendo el principal desafío. Casi el 40% de las personas no sabe que este trastorno puede afectar a los hombres. Sensibilizar a los futuros padres durante el embarazo y animar a los hombres a hablar abiertamente deben ser los primeros desencadenantes de esta conciencia.
El reconocimiento de la depresión posparto en los padres marca un punto de inflexión tanto cultural como médico. Al ampliar la perspectiva sobre la paternidad, la sociedad está empezando a admitir que convertirse en padre también puede implicar transformaciones a veces difíciles. Una evolución de nuestra moral, que nos recuerda que apoyar a todos los padres sigue siendo la mejor manera de proteger a las familias.