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Para atacar a La France insoumise (LFI), el terreno mediático es ideal. En una entrevista con periódico dominical (JDD) este 22 de febrero, Laurent Wauquiez denuncia a un grupo político “tóxico para nuestra vida democrática” cual debe ser “políticamente aislados y condenados al ostracismo”. Hasta el punto de pedir su disolución, ¿lo cuestionamos? “Me gustaría poder decirles que disolver el LFI es suficiente. Pero no es así como se gana una batalla política”.tranquiliza al líder de los diputados de Les Républicains (LR). A la derecha, sólo el senador de Bocas del Ródano, Stéphane Le Rudulier, pide desde hace tres años la disolución del LFI.

De no lograrlo, otros recomiendan instalar un “cordón sanitario” en torno a los “rebeldes”. Es el caso del presidente de LR, Bruno Retailleau. “Ningún voto debería ir a parar a los candidatos rebeldes” aseguró al margen de un viaje a Sena y Marne, el jueves 19 de febrero. La idea no es nueva, pero se impondría tras la implicación de varios colaboradores parlamentarios del diputado del LFI por Vaucluse, Raphaël Arnault, en la muerte del activista nacionalista Quentin Deranque, el 14 de febrero en Lyon. “LFI ha convertido la Asamblea Nacional en un campo de batalla. Sin embargo, la violencia verbal abre la puerta a la violencia física”, cree el señor Retailleau.

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