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Cuando te enfrentas a un juez para responder por delitos graves, el arrepentimiento sincero puede ser una clave fundamental para obtener una pena reducida. Pero, ¿y si este remordimiento no fuera real, sino más bien el producto de una instrucción dada alinteligencia artesanal? Esto es lo que ocurrió en Nueva Zelanda, ante el Tribunal de Distrito de Christchurch, en un caso que abre un nuevo capítulo controvertido sobre el uso de la IA en el ámbito jurídico.

Crímenes y estrategia defensiva “artificial”

La protagonista de la historia es una mujer llamada a responder a graves acusaciones: incendio provocado, robo, asalto y resistencia a un funcionario público. En una tentativa de aligerar tu posición y demostrando que entendía la gravedad de sus acciones, la acusada presentó cartas de disculpa al tribunal y a sus víctimas. La letra estaba muy bien escrita, hasta el punto de hacer sospechar al juez Tom Gilbert. Como se informó en las transcripciones de la audiencia obtenidas por New York Times, el magistrado decidió comprobar la autenticidad de estas declaraciones apoyándose en la tecnología.

La intuición y el desenmascaramiento del juez

El juez realizó una sencilla comprobación online. “Por curiosidad inserté la consulta en dos herramientas de inteligencia artificial: escríbeme una carta a un juez para expresar tu remordimiento por mi crimen”Gilbert dijo en la sala del tribunal. El resultado no dejó dudas: inmediatamente quedó claro que los textos presentados por la mujer habían sido generados en masa por inteligencia artificial, a lo que el acusado había hecho sólo unos pocos cambios marginales para contextualizarlos. El juez aclaró que no tenía ningún prejuicio contra el uso de la inteligencia artificial en general. Sin embargo, plantea un principio humano y jurídico insuperable: en ningún caso puede permitirse convencer de la sinceridad de un acusado que, para expresar su arrepentimiento, se había limitado a disponer de un texto generado por un ordenador.

La condena y el debate sobre la autenticidad

Habiendo revelado la falsa empatía, el juez decidió no tomar en consideración las cartas para una posible reducción de la pena. La mujer recibió una severa sentencia: veintisiete meses de prisión y pago de tres mil dólares de indemnización. Como señala C.Horas de la tardeEste caso legal se acerca a otro caso límite (un matrimonio declarado nulo porque las promesas habían sido redactadas con ChatGPT) y reabre un debate mucho más amplio. Confiar a las máquinas la redacción de textos íntimos como disculpas, votos matrimoniales o panegíricos corre el riesgo de dejar sin sentido la intención humana.

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