Puede que se haya encendido la chispa para un enfrentamiento definitivo entre Cuba y Estados Unidos. El 25 de febrero, cuatro personas murieron en Cuba durante un intercambio de disparos con la tripulación de una lancha motora registrada en Estados Unidos interceptada por una unidad de la Guardia Costera a una milla de la costa norte, cerca del pueblo de Corralillo. La primera confirmación llegó desde La Habana. Las autoridades de la isla aclararon que “la lancha ilegal fue identificada en aguas territoriales cubanas” y que se trata de una embarcación registrada en Florida, Estados Unidos. Según los informes, la tripulación de la lancha rápida, compuesta por “extranjeros”, abrió fuego contra una unidad de superficie de guardias fronterizos, hiriendo al comandante del barco cubano. “Como resultado de estos enfrentamientos, en el momento de redactar este informe, cuatro atacantes extranjeros murieron y seis resultaron heridos. »
Unas horas más tarde, el Ministerio del Interior cubano fue más allá al explicar que, según las conclusiones de las autoridades, los 10 ocupantes de una embarcación pretendían realizar una infiltración “con fines terroristas”. Según el sitio web gubernamental Cubadebate, a bordo había rifles de asalto, pistolas, explosivos caseros, chalecos antibalas, telescopios y uniformes de camuflaje. Entre los participantes, todos cubanos residentes en Estados Unidos, fueron identificadas siete personas: seis arrestadas y Michel Ortega Casanova, asesinado durante la operación, mientras que las otras “tres víctimas aún están siendo identificadas”. Las autoridades castristas anunciaron incluso que un tal Duniel Hernández Santos, enviado por Estados Unidos para coordinar la acción, había sido detenido en Cuba y había admitido sus responsabilidades, mientras que algunos de los sospechosos “ya eran buscados por terrorismo de conformidad con la Resolución 1373 del Consejo de Seguridad de la ONU”.
La versión americana es completamente diferente. Un funcionario de la administración estadounidense citado por el New York Times explicó que la lancha era un barco civil y que formaba parte de una flotilla involucrada en las operaciones para evacuar a ciertos familiares de la isla. El mismo funcionario explicó que la embarcación no era parte de la Armada ni de la Guardia Costera de los Estados Unidos, agregó el funcionario.
El Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, dijo que había sido informado del incidente y que Estados Unidos estaba recopilando información para determinar si las víctimas eran ciudadanos estadounidenses o residentes permanentes. “Hay varias partes del gobierno de Estados Unidos que están tratando de identificar elementos de la historia que tal vez no nos fueron proporcionados en ese momento”, dijo Rubio en el aeropuerto Basseterre en St. Kitts y Nevis. Rubio, en conversación con periodistas, se negó a especular sobre lo sucedido, diciendo que podría involucrar “una amplia gama de cosas” y que Estados Unidos no dependerá exclusivamente de lo que han proporcionado hasta ahora las autoridades cubanas. “Basta decir que es muy inusual ver tiroteos como éste en el mar. No es algo que ocurra todos los días”, pero, añadió, Washington “responderá en consecuencia” una vez que se establezcan los hechos.
Durante semanas, el tono de la administración Trump hacia Cuba se ha vuelto cada vez más duro, particularmente después del bombardeo estadounidense que llevó al arresto del presidente venezolano Nicolás Maduro. Los estadounidenses redujeron casi a cero el suministro de petróleo a la isla de Fano, lo que provocó una grave crisis económica. La Habana, por su parte, ha intensificado sus ejercicios militares y acusó a Washington de querer “provocar una catástrofe humanitaria” mediante sanciones petroleras.
“Estados Unidos impone un bloqueo energético y pretende provocar una catástrofe humanitaria utilizando como pretexto la absurda afirmación de que Cuba representa una amenaza inusual y extraordinaria para su seguridad nacional”, dijo el ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, durante un discurso en la Conferencia de Desarme de las Naciones Unidas en Ginebra. Esta “escalada agresiva” representa, según el representante del castrismo en el poder, “un castigo colectivo despiadado infligido al pueblo cubano”.
El encargado de negocios de la Embajada de Estados Unidos en La Habana, Mike Hammer, tiene una opinión completamente diferente, según la cual la política estadounidense tiene como objetivo apoyar al pueblo cubano en su aspiración de libertad y oportunidades económicas, mientras que el embargo y el objetivo constante y apremiante de Trump, en todo caso, es evitar que los ingresos del petróleo se utilicen para mantener la represión interna. “Con estas medidas no queremos hacer sufrir a ningún cubano”, afirmó el diplomático en una entrevista con el diario español ABC. Hammer luego confirmó que hubo contactos entre la Casa Blanca y funcionarios del gobierno cubano, insinuando que el cambio en la isla podría ocurrir tan pronto como este año. “¿De qué forma? Ya veremos”, añadió el enviado de Trump, que durante los últimos 15 meses ha viajado a diferentes regiones de este país caribeño para conocer la situación real.
Cuba, debilitada también por el fin del suministro de crudo de Venezuela, se enfrenta desde 2022 a una crisis energética sin precedentes, con importantes escasez de combustible y cortes de energía cada vez más constantes y prolongados.
A finales de enero, un decreto firmado por el magnate definió a la isla como una “amenaza extraordinaria” para Estados Unidos e impuso un bloqueo internacional al petróleo, agravando aún más la dramática situación de Cuba.