Se trata del mayor contrato de adquisición de drones firmado hasta la fecha por el Ministerio de Defensa alemán. Pero el debate que provocó plantea, implícitamente, la cuestión recurrente de la dependencia de la Bundeswehr de la industria de defensa estadounidense. El miércoles 25 de febrero, las comisiones de Defensa y Presupuesto del Bundestag debían aprobar un pedido de drones de combate por valor de más de 4.000 millones de euros de los fabricantes Helsing y Stark, ambos con sede en Alemania, pero el último de los cuales cuenta entre sus accionistas con el inversor estadounidense Peter Thiel. Contra todo pronóstico, la luz verde fue sólo parcial.
El pedido inicial se refería a varios miles de drones, las primeras entregas estarían destinadas a abastecer, a partir de otoño, a la brigada Bundeswehr instalada en Lituania, que el ministro de Defensa, Boris Pistorius, quiere convertir en símbolo de la continua modernización del ejército alemán. Además del elevado importe, el contrato suscita dudas debido a la presencia de Thiel en el capital de Stark, quien, según las cifras que circulan, se habría embolsado dos tercios del contrato, es decir, casi 3.000 millones de euros. Entre los accionistas de Stark se encuentran, además de Thiel, el fondo de innovación de la OTAN y el creado y gestionado por la CIA, In-Q-Tel. Dado que la empresa no cotiza en bolsa, la composición exacta de sus accionistas no es pública.
Te queda el 78,71% de este artículo por leer. El resto está reservado para suscriptores.