Ni visto ni conocido, Sébastien Lecornu esperaba que la reestructuración de su gobierno pasara desapercibida. Pero lo que se suponía que era sólo uno “ajuste sencillo” Antes de las elecciones municipales resultó ser un nuevo dolor de cabeza para el jefe de Gobierno, entre la gestión del equilibrio político, la anticipación de las cuestiones delicadas por venir y el deseo de Emmanuel Macron de volver a influir en la composición del Gobierno.
Aunque se suponía que tendría lugar el 22 de febrero, la llegada del gobierno de Lecornu III tardó más de lo esperado. Hubo que esperar a la salida de la Ministra de Cultura, Rachida Dati, anunciada por ella el miércoles 25 de febrero por la tarde, para poder revelar finalmente los nombres de los nuevos miembros del Gobierno.
Y de nuevo, esta remodelación que no dice su nombre no ha terminado: a David Amiel, el nuevo ministro encargado de Acción y Cuentas Públicas, en el cargo desde el 22 de febrero, se le sumará al inicio de la legislatura (23 de marzo) un ministro delegado (la paridad exige) “con perfil político”, gerente de servicio publico. Este nombramiento se aplazó debido a controles realizados por la Alta Autoridad para la Transparencia de la Vida Pública (HATVP), precisa Matignon.
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