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Cuando muere un ser querido, algunos reciben dinero, otros una casa. François-Henri Labey heredó 500 kilos de partituras en 1974. Las de la música compuesta por sus abuelos paternos, Marcel Labey (1875-1968) y Charlotte Sohy (1887-1955). Este músico y musicólogo profesional conocía las obras de su antepasado. Las creaciones de su abuela, sin embargo, le resultan menos familiares.

En primer lugar, porque François-Henri Labey tenía sólo 6 años cuando murió. Pero quizás también, muy simplemente, porque Charlotte Sohy sufre ese desinterés que desde hace tiempo ataca las botas de la creación femenina. Matthias Weber, director de un documental dedicado a la que fue su bisabuela, admite: “También en mi familia nos decíamos que si su música hubiera sido realmente interesante, la habríamos sabido…”

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