Por Marion Darrieutort, presidenta y fundadora de The Arcane
Este método es el signo de un nuevo paradigma: la diplomacia empresarial. En este mundo el acuerdo ya no se limita a un momento: se convierte en un régimen. La diplomacia ya no persigue la estabilidad común; está organizado en torno a una serie de transacciones en las que cada interacción debe designar un ganador y, por tanto, un perdedor. Y como es necesario que haya un perdedor, la amenaza forma parte del protocolo: no interrumpe la discusión, constituye el acto de apertura.
La diplomacia de los acuerdos pone en juego su gramática. En primer lugar, afirma el equilibrio de poder. Luego, establece la “seguridad nacional” como una fórmula omnímoda: transforma una entidad comercial, tecnológica o territorial en una emergencia existencial. Finalmente, sitúa la coerción antes de la negociación: derechos de aduana anunciados, sanciones impuestas, acceso condicional. En el centro de la crisis groenlandesa, los diplomáticos europeos ya estaban hablando de contramedidas en caso de que los aranceles afectaran a los aliados: una señal de que la UE ya no quiere soportar la diplomacia arancelaria sin equiparse con un arsenal de respuesta.
El caso del Ártico sirve sólo como indicador. El comercio vuelve a ser una palanca de restricción; La tecnología, un instrumento de presión. Los controles estadounidenses sobre los semiconductores avanzados –reforzados y ajustados a partir de 2022– han colocado el acceso a tecnologías críticas en el centro de las herramientas geopolíticas, en nombre de las aplicaciones militares y las preocupaciones de seguridad. La Unión Europea también se está reorganizando. El Instrumento Anticoerción, que entró en vigor a finales de 2023, se centra específicamente en situaciones en las que un tercer Estado intenta ejercer presión económica sobre la UE o un Estado miembro. En otras palabras: el acuerdo puede convertirse en una palanca intimidante.
Para las empresas, esto no es sólo teoría: está remodelando el clima operativo. La diplomacia de acuerdos convierte la más mínima dependencia en apalancamiento financiero: un componente, un dato, una licencia, un puerto, un estándar, una reputación. El principio de precaución, asociado durante mucho tiempo a la gestión de riesgos, ahora se ve en competencia con una lógica más dura: reducir las áreas de exposición, bloquear las dependencias, defender las propias posiciones. Como si la depredación hubiera suplantado a la precaución.
La respuesta, sin embargo, no es ni militarizar la empresa ni imitar la brutalidad ambiental. Pasa por la diplomacia corporativa, Dirigido por un gerente: una capacidad estructurada para negociar, anticipar y mantener una línea. Comenzamos con un mapeo de dependencias críticas y puntos de ruptura. Seguimos con una coordinación real entre lo jurídico, la ciberseguridad, las compras, las operaciones, los asuntos públicos y las comunicaciones. Finalmente se materializa en escenarios concretos –líneas rojas, compromisos sostenibles, respuestas graduales–.
para no descubrir la limitación en el momento en que se manifiesta.
Queda un último proyecto: recuperar el control de la historia estratégica. En una sociedad saturada de imágenes, provocaciones y sospechas, dejar un vacío de intenciones alimenta la desconfianza. En la era de los acuerdos, la diplomacia no es una cuestión de alma extra: funciona como una habilidad de supervivencia, tanto para el Estado como para la empresa. No se trata de ceder a la violencia simbólica del momento, sino de reabrir opciones, de ampliar el espacio de maniobra, de construir alianzas capaces de resistir los choques y de ejercer influencia cuando se establezca el poder.
Esto, en última instancia, es lo que está sucediendo bajo el ruido de los enfrentamientos geopolíticos: un cambio sutil que cambia las reglas del juego antes de que tengamos tiempo siquiera de decirlo. Todo esto perfila un momento de inframorfosis, como un tiempo antes de la metamorfosis.. Rechazarlo de plano significa perder un tiempo precioso y seguir respondiendo con viejas palabras a la diplomacia del creciente acuerdo.