fa4463b_upload-1-dy2gaqz8bkpi-3-cout-en-france.jpg

El pequeño marco de fotos de plástico blanco se encuentra en un rincón de la alcaldía, bajo un busto de Jean Jaurès, testigo de la traición de sus herederos socialistas que dejaron Hénin-Beaumont (Paso de Calais) al borde de la ruina, y de su recuperación por parte de los odiados nacionalistas. En la foto avanza un trío cuyos repetidos ataques al pueblo minero lo han hecho famoso, a pesar de tener sólo 25.000 almas. Bruno Bilde, el concejal, con la tableta bajo el brazo, aún sin barba ni diputado en la circunscripción vecina. Steeve Briois, con sonrisa reprimida y corbata apretada, ya asume el papel del concejal que será unas horas más tarde. En el medio, hilarante, Marine Le Pen.

Fueron tres de ellos los que araron la tierra de Hénin-Beaumont, tres de ellos que se disponían a arrebatársela de las manos a los socialistas, este 23 de marzo de 2014, en la primera vuelta, un éxito celebrado con champán en un restaurante bajo protección policial. Steeve Briois regresó en 2020 con el 74,21% de los votos emitidos, también en la primera vuelta. No le preocupa el 15 de marzo de 2026. En la Asamblea Nacional (RN), Hénin-Beaumont es una excepción. El ejemplo exitoso –pero poco replicado– de una estructura local funcionó desde abajo hacia arriba y con el tiempo, fortalecido por el surgimiento de una figura nacional.

Te queda el 84,05% de este artículo por leer. El resto está reservado para suscriptores.

Referencia

About The Author