Primero el presidente sirio Bashar al-Assad, luego el líder venezolano Nicolás Maduro y ahora el líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei. En el espacio de un año y medio, el líder del Kremlin, Vladimir Putin, ha perdido a varios de sus aliados extranjeros clave. y el Kremlin, sumido en la guerra en Ucrania, está luchando por reaccionar. Hasta ahora, Putin ha enviado una carta de condolencia al presidente Massoud Pezeshkian, describiendo a Jamenei como “un destacado estadista que hizo una inmensa contribución personal al desarrollo de relaciones amistosas entre Rusia e Irán”. Aunque denuncian una “violación cínica” de la “moral y del derecho internacional”, Putin y las autoridades rusas no han anunciado oficialmente ninguna ayuda concreta a Teherán ante los continuos ataques aéreos estadounidenses e israelíes. Además, ayer, según Moscú, fue el Ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, quien llamó a su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, al inicio de los atentados.
Para el experto ruso Alexander Baunov del Centro Carnegie, la muerte de Jamenei coloca al presidente ruso en una “situación difícil”. Desde la reelección de Donald Trump, Putin ha tratado de ganarse el favor de Washington en negociaciones destinadas a poner fin a la guerra en Ucrania. Pero la captura de Maduro por parte de Estados Unidos el 3 de enero marcó la pérdida de otro socio para Moscú. También en este caso el Kremlin se encontró impotente. “Dos veces en dos meses Putin no cumplió su papel de salvador”, señaló Baunov en su cuenta de Telegram. Y en el caso de Jamenei, según el experto, “el asesino es su amigo Trump”.
Anteriormente, Putin al menos logró ayudar al exlíder ucraniano Viktor Yanukovich a encontrar refugio en Rusia en febrero de 2014. También ofreció asilo a Bashar al-Assad y su familia tras su caída en Siria en diciembre de 2024.
A diferencia del caso Maduro, la muerte de Jamenei se produjo en una parte del mundo que Rusia considera su “hemisferio”, explica Baounov. El experto compara este asesinato con el del líder libio y aliado del Kremlin, Muammar Gaddafi, en 2011, que, según Baunov, marcó “un punto de inflexión en la política rusa” y uno de los puntos que Putin aprovechó para “romper con Occidente”. Teherán es uno de los aliados más cercanos de Moscú durante la ofensiva en Ucrania. Kiev y Occidente acusan a Teherán de suministrar a Moscú armas y tecnologías militares, como los drones Shahed que Rusia utiliza a diario para bombardear Ucrania. Además, el año pasado Rusia e Irán firmaron una asociación estratégica destinada a fortalecer sus vínculos, especialmente en el ámbito militar.
Además de la pérdida de un aliado clave como Jamenei, las consecuencias para Moscú del actual conflicto en Irán siguen siendo difíciles de evaluar. El parlamentario ruso Anatoly Vasserman, entrevistado por el medio de comunicación ruso MK.ru, dijo que la guerra podría beneficiar a Rusia en el corto plazo si condujera a un fuerte aumento de los precios del petróleo, pero podría plantear “graves problemas” para Estados Unidos e Israel en el largo plazo si las autoridades iraníes “se resisten”.