Al final, la región de Milán funciona. En los últimos minutos del viaje a Cremona, estancado en el 0-0, el Milan encontró no una sino dos salidas, recuperó los goles torpemente fallados en la segunda parte de la primera parte y volvió al 10 del Inter, pero sobre todo respondió al éxito del Nápoles, decidido también el sábado por la tarde con el gol de Lukaku en el último turno. El área de Milán está funcionando pero no siempre podemos esperar al final del partido para poder estar seguros. Sobre todo si el inicio del Cremonese con algunas oportunidades desperdiciadas nos hace pensar en un nuevo duro golpe después del sufrido por el Parma. El arranque diésel es un defecto que Allegri aún no ha corregido.
Esta vez, sin embargo, los arrepentimientos vuelven a preocupar a Leao y Pulisic: ambos son responsables del pésimo comportamiento de los rossoneri tras la primera parte. Una vez Leao, una vez Pulisic, cometen errores de cara a portería y desde una posición favorable. El punto de inflexión, si podemos hablar de punto de inflexión, coincide con los cambios realizados por Allegri que corrige la formación en 4-3-3 con la entrada de Fullkrug que es el responsable de la chispa del 2-0 de Leao que tiene la tarea fácil ante la portería desprotegida con una asistencia de Nkunku.
El Cremonese, falto de energía física y técnica, sufrió una nueva derrota.
Sin embargo, el mayor mérito hay que atribuirlo al habitual Modric (córner) y a la doble elevación primero de De Winter y luego de Pavlovic, que encuentra el gol y el gol ahuyenta una pesadilla para los rossoneri en el minuto 90. La única nota discordante es la lesión que sufrió Bartesaghi precisamente en esta final. Probablemente el Derby perdió para él.