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Las discusiones sobre el fondo no han comenzado. Hay un “montaña de preguntas sin respuesta“, resumió hace unos días el canciller Merz en una entrevista en el podcast “Machtwechsel”. Pero vista desde Berlín, Alemania está realmente lista para iniciar un punto de inflexión histórico.

Durante mucho tiempo, los sucesivos cancilleres miraron hacia otro lado cuando los presidentes franceses, desde Charles de Gaulle hasta Nicolas Sarkozy, se acercaron para ofrecer a su país protección nuclear. El vínculo umbilical con Estados Unidos, garante de su seguridad desde la Segunda Guerra Mundial, era demasiado fuerte. A los diplomáticos alemanes a veces les molestaba que su país ni siquiera se molestara en enviar algunos generales a París para discutir el tema, por temor a la reacción del Tío Sam.

Pero desde hace cuatro años la República Federal sufre dos shocks: el regreso de la guerra a 900 kilómetros de Berlín con la invasión rusa de Ucrania, y la supuesta tentación aislacionista de Estados Unidos con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. En la desintegración del orden mundial, Alemania ve desvanecerse la garantía nuclear estadounidense. Por tanto, su territorio podría entrar en el ámbito de aplicación de la nueva doctrina nuclear francesa. El canciller Merz aceptó considerar la oferta de Emmanuel Macron, tal como pretende discutirla con los británicos.

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