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Más de treinta mujeres (pilotos, navegantes de combate, técnicas) participaron en las incursiones de las Fuerzas de Defensa de Israel contra Irán como parte de la Operación “Rising Lion”. La confirmación oficial llegó al periódico “Ynet” después de días en los que la noticia circulaba como un detalle simbólico de una historia mucho más amplia: la de los bombardeos de largo alcance contra objetivos militares y nucleares iraníes.

Sin embargo, esta cifra revela algo que va más allá de las noticias militares.

La doble cara de “Major M”

En una entrevista con el Daily Mail, una de las protagonistas, “Major M” (su verdadero nombre se mantiene en secreto), habló de una vida dividida: marketing de día, F-16 de noche. “Tenemos dos vidas”. La tensión del vuelo, el silencio en la cabina, el joystick y el “botón rojo” que guía el GPS de las armas o misiles para acompañarte hasta el objetivo. Luego volver a casa, a su marido, a la normalidad.

En la historia está el orgullo profesional de quien reivindica competencia técnica, formación y compostura. Pero también hay un elemento político inevitable: las mujeres israelíes sobrevuelan la República Islámica, mientras que en Irán las mujeres han estado en el centro de una represión sistemática durante años, que ahora ha surgido ineludiblemente con las protestas del movimiento “Mujeres, Vida, Libertad”.

Un feminismo armado sin precedentes

La imagen es poderosa y controvertida: mujeres bombardeando un Estado acusado de reprimir a las mujeres. Se trata de un cortocircuito narrativo que algunos en Israel ven como evidencia de una sociedad donde casi todos los roles militares están abiertos a las mujeres; otros, desde fuera, prevén un “feminismo armado”, en el que la emancipación también implica la participación plena en la fuerza militar.

Obviamente, esta no es una operación destinada a “salvar” a las mujeres iraníes en el sentido humanitario del término. El objetivo declarado era militar. Pero el efecto simbólico es fuerte: en un Oriente Medio donde los derechos de las mujeres siguen siendo una zona de conflicto político y cultural, ver una formación compuesta por una piloto y una navegante a los mandos de un avión de combate marca un cambio de paradigma.

¿Cuántas mujeres piloto hay en el mundo?

Según las mismas fuentes israelíes, más de 70 mujeres pilotos de combate y navegantes operan actualmente en la fuerza aérea del Estado judío. Proporcionalmente, esta es una porción significativa de un número total relativamente pequeño de tripulaciones de cazas.

La comparación internacional es interesante: en Estados Unidos, la Fuerza Aérea estadounidense ha abierto todos los roles de combate a las mujeres desde 2015. Las mujeres representan alrededor del 20 por ciento del personal total de la Fuerza Aérea, pero el porcentaje de mujeres piloto de combate sigue siendo mucho menor, un porcentaje de un solo dígito. En el Reino Unido, la Royal Air Force también ha abierto todos los puestos a las mujeres, pero las mujeres piloto siguen siendo una clara minoría en las unidades de combate. En Francia, la fuerza aérea y espacial ha visto aumentar la presencia de mujeres entre los pilotos en los últimos años, pero también aquí la proporción en las unidades de combate sigue siendo baja. En Italia, la Fuerza Aérea entrenó a las primeras mujeres piloto militares a principios de la década de 2000; La presencia de mujeres está aumentando, pero en los departamentos operativos sigue siendo limitada.

Israel, por su tamaño y estructura, no tiene porcentajes comparables en términos absolutos a los grandes ejércitos de la OTAN. Pero la concentración de mujeres en roles directamente operativos y su visibilidad pública no tienen equivalente en otros países, occidentales o no.

Guerra, identidad, ciudadanía

Queda un último elemento que no debe pasarse por alto: en Israel, el servicio militar también es obligatorio para las mujeres, con algunas excepciones. Esto crea una relación diferente entre ciudadanía y defensa. Cuando la “Mayor M” dice que está orgullosa de “proteger a mi familia, a mis amigos y a mí mismo”, combina identidad civil y rol militar en una fórmula que sería mucho menos natural en Europa.

El hecho de que más de treinta aviadoras hayan participado en los ataques contra Irán no cambia por sí solo el equilibrio estratégico en la región. Pero la gramática simbólica de la guerra está cambiando. Ya no se trata sólo de hombres que luchan por defender a las mujeres. Pero mujeres que luchan, personalmente, en un enfrentamiento que también concierne al destino de otras mujeres.

Es una forma de emancipación que divide, cuestiona, provoca. Y que marca una de las imágenes más fuertes de este conflicto.

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