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“Cuando hay peligro de muerte nunca somos intrusivos” : así lo cree Delphine Chevalet-Chapeaud, directora de Diversidad e Inclusión para Europa Central y presidenta de la asociación Verisure. La empresa desempeña un papel clave a la hora de ayudar a los empleados que son víctimas de violencia doméstica. “Las empresas son más ágiles que el Estado y tienen herramientas disponibles (horarios, ingresos, etc.)”indica Sarah Barukh, autora y fundadora de la asociación que ayuda a las víctimas de violencia doméstica 125 y posteriores.

La cuestión no es sólo social, también es económica. Los efectos en el trabajo son numerosos: retrasos, ausencias, abandonos, etc. Lo que puede provocar un debilitamiento de la cohesión del grupo o una mala interpretación de la actitud del empleado. Sarah Barukh fue víctima de violencia doméstica: “No pude asistir a ningún seminario ni a un almuerzo de equipo. Tenía que estar en casa a la hora prevista, en cinco minutos. La empresa, que desconocía mi situación, pensó que estaba desmotivado. » Sin embargo, el trabajo juega un papel esencial en la vida de las víctimas. “La empresa es un espacio de respiro, donde encontrar control y dignidad”, observa Delphine Chevalet-Chapeaud.

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