“Revolucionario” es una de las palabras que más se repiten estos días en la prensa portuguesa cuando se habla del novelista António Lobo Antunes, fallecido hoy en Lisboa, ciudad donde nació en 1942. Era del barrio de clase media del Benfica, hijo de un consagrado neurólogo, y acababa de obtener su título de médico cuando fue enviado como médico militar a Angola, en uno de los diversos frentes de guerra en los que luchó el régimen dictatorial portugués, último imperio colonial europeo. las colonias africanas rebeldes hasta 1974.
Una experiencia que, casi hay que decirlo, Lobo Antunes vivió para contarla, ya que él mismo declaró en una entrevista: “No quería morir en la guerra porque estaba seguro de que escribiría libros como nunca nadie había escrito antes”. Y es precisamente la experiencia de la guerra y el regreso a casa como veterano lo que inspiró muchas de sus novelas, todas ellas ya publicadas en democracia. Su primer libro, “Memoria de un elefante”, fue rechazado por varias editoriales antes de ser publicado, con gran éxito, en 1979, casi simultáneamente con otro de sus importantes libros sobre la guerra en África, “In culo al mondo”, traducido en Italia por Maria José de Lancaster para Einaudi. Siguieron decenas de títulos más: “El conocimiento del infierno”, “Los barcos” (que repasa la historia imperial de Portugal a la luz del drama de los “retornados”, esos portugueses que tuvieron que abandonar rápidamente las colonias en los años 1970), “Tratado sobre las pasiones del alma”, “El esplendor de Portugal” (un título que se burla de una estrofa del himno nacional para contar otra historia de alienación). Hasta el último, “La inmensidad del mundo”, estrenado en 2022 y seguido un año después de otra de sus colecciones de artículos publicados habitualmente en revistas y que eran pequeñas piezas narrativas, auténticos laboratorios de sus grandes relatos.
“Exigente, obsesivo, trabajador, brillante”, escribe hoy sobre él el semanario Expresso. Pronto abandonó la profesión de psiquiatra para dedicarse exclusivamente a la escritura, pero continuó manteniendo durante mucho tiempo un pequeño estudio reservado para él en “su” hospital psiquiátrico de Lisboa, casi como si quisiera estar cerca de los pliegues más ocultos y dolorosos de la mente humana, que supo transmitir con un estilo expresionista y un lenguaje denso y complejo, recurriendo a menudo al monólogo interior, al flujo de conciencia y a la superposición de niveles narrativos. Un estilo que ha convertido a António Lobo Antunes en uno de los autores portugueses más leídos y traducidos del mundo.
Nominado varias veces al Nobel, pero nunca ganado, ha recibido numerosos premios literarios internacionales, entre ellos el Camões en 2007 (máxima distinción para los escritores de lengua portuguesa), el Premio Europeo de Literatura en 2001, el Premio Juan Rulfo en 2008 y, en Italia, el Bottari Lattes Grinzane en 2018. El Consejo de Ministros declaró el 7 de marzo día de duelo nacional, mientras que el Presidente de la República anunció que conferido, póstumamente, el Gran Collar de la Orden de Camões, la más alta distinción reservada a quienes han prestado importantes servicios a la difusión de la lengua portuguesa en el mundo. El Benfica Sports Club también se suma al pésame general, describiéndolo como “uno de los seguidores más ilustres del club”. En una de sus declaraciones más comentadas, capaz de suscitar acaloradas polémicas sobre temas controvertidos, dijo que durante la guerra, en África, una de las veces en que se lograba un alto el fuego era cuando jugaba el Benfica y todos, de ambos lados de la barricada, escuchaban la radio para seguir al equipo que lleva el nombre del barrio en el que él nació y creció.
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