El jueves 5 de marzo, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) responsabilizó a Perú por la esterilización forzada y muerte de una campesina en 1997, una práctica sistemática de la que fueron víctimas aproximadamente 300.000 mujeres.
En la década de 1990 el país estaba sumido en un violento conflicto interno entre guerrillas de extrema izquierda y el gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000), fallecido en 2024 tras pasar dieciséis años de prisión por violaciones de derechos humanos. En ese momento, en todo el país, mujeres pobres y sin educación, muchas de ellas indígenas quechuas, fueron esterilizadas a la fuerza.
En 2023, la justicia peruana reconoció esto “esterilizaciones involuntarias” eran parte de un “orden público”. En 2024, el Comité de Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (Cedaw) denunció una práctica “sistémico” haber golpeado “300.000 mujeres”.
Bajo presión para someterse a ligadura de trompas
La CIDH, con sede en San José, Costa Rica, “declaró la responsabilidad internacional del Estado peruano por la esterilización forzada y consiguiente muerte” de Celia Edith Ramos Durand, confirma la sentencia leída por su presidente, Rodrigo Mudrovitsch.
METROA mí Ramos Durand, quien falleció tras la operación, recibió continuas visitas de trabajadores de la salud para convencerla de someterse a una ligadura de trompas, según la denuncia interpuesta ante la Justicia Interamericana.
Más de 7.000 mujeres aparecen en el registro establecido por el Estado para identificar a las víctimas. Sin embargo, según la fiscalía, sólo 3.000 casos están bajo investigación preliminar y aún no se ha dictado ninguna condena.
Las víctimas dicen que fueron engañadas u obligadas a someterse a esterilizaciones en clínicas sin infraestructura adecuada ni personal capacitado. Algunos ni siquiera sabían leer ni hablar español o no entendían la naturaleza de la cirugía.