Una conspiración. La palabra no se pronuncia, pero es precisamente el campo léxico de la cábala el que se desencadena al salir del aula, la tarde de este viernes 6 de marzo. Afuera, París celebra la primavera temprano. En el interior hay una lluvia de superlativos. “Implacabilidad judicial”, “parodia de la justicia”, “una presentencia” e incluso “una ejecución”: los cuatro abogados de Tariq Ramadan hacen todo lo posible para presentar a su cliente como una víctima. La maquinaria judicial aparentemente decidió –no sabemos por qué– aplastarlo por todos los medios. “¡Se le niega la entrada a su propio juicio!”
El tribunal penal departamental de París ha decidido lo siguiente: el ex profesor y predicador, uno de los primeros influencers de una parte de la juventud musulmana europea, será juzgado en rebeldía, es decir, en rebeldía, por las tres violaciones de las que se le acusa. El tribunal, a petición del fiscal general, Philippe Courroye, también emitió una orden de detención contra el islamólogo que, según las últimas noticias, se encontraba en Suiza.