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“No toques a los niños”. El mensaje resumido en cinco palabras – impreso en un banner decenas de manifestantes querían partir esta tarde frente a la casa familiar donde viven los tresniños del bosque‘. Un llamamiento desesperado, acompañado de la emoción de quienes, desde hace cuatro meses, esperaban volver a ver a toda la familia junta pero que ayer vieron su sueño destrozado, ante la decisión del Tribunal de Menores de L’Aquila de retirar a la madre Catherine, entre los gritos y los abrazos de sus hijos.

Procesión de antorchas de protesta

Una procesión con antorchas para gritar “vergüenza” a quienes “destruyen” una familia. Ya basta de sufrimiento para los niños, es inhumano”, explica Leonora Carusi, hija del antiguo restaurador de Ortona que prestó la casa a Nathan Trevallion de forma gratuita.

“La llamamos casa familiar – dijo – pero aquí no hay familias, la están destruyendo. Se les llama guardianes de los mineros, pero aquí los mineros no los protegen, los masacran. No es posible que sucedan cosas así en un país considerado civilizado. Debemos devolver a los niños a sus familias. La casa está ahí, la educación está ahí, las vacunas están ahí, así que, ¿a qué esperas: devolver a los niños?”.

“Hablamos con Nathan – repite su padre Armando Carusi -. Está un poco más decepcionado que de costumbre y se encuentra dando a Catherine aún más consuelo. Estamos seguros de que lo conseguirán”. Al acto también asistieron algunos representantes de familias neorrurales, como el de Nathan y Catherine, que desde hace semanas presiden el bosque donde se encuentra la finca en la que vivía el matrimonio angloaustraliano con sus hijos. A la puerta de la casa familiar también llegaron otras madres a quienes les quitaron sus hijos y que ahora luchan por reunirse entre órdenes e informes de trabajadores sociales. “Estamos aquí para decirles que somos sus nuevos amigos”, dijo un organizador al micrófono.

“Estamos cerca de vosotros y no os dejaremos solos en este momento difícil – añade -. Os queremos. Esperamos poder aportaros al menos un mínimo de consuelo”. “Lo que vi anoche fue vergonzoso, atroz – añade uno de los manifestantes -. Ya basta”. “Estoy mortificada por lo que está sucediendo – dijo otra mujer -. Todos debemos movilizarnos para hacer oír nuestra voz. No me parecen dos padres irracionales, tal vez discutiendo podríamos haber logrado algo sin llegar a este punto”.



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