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El sábado 7 de marzo, la directora general del sector de robótica de OpenAI anunció su dimisión debido al acuerdo firmado entre el gigante de la inteligencia artificial y el gobierno americano que autoriza el uso de su tecnología con fines militares y de vigilancia interna.

“La IA desempeña un papel importante en la seguridad nacional. Pero la vigilancia de los estadounidenses sin supervisión judicial y la autonomía letal sin autorización humana son cuestiones que merecían más reflexión de la que recibieron”, escribió Caitlin Kalinowski en X para explicar su elección.

La compañía detrás de ChatGPT ganó un contrato con el Pentágono en febrero, horas después de que su rival Anthropic se negara a ceder a un ultimátum del gobierno para otorgar al ejército estadounidense el uso ilimitado de Claude, su asistente de inteligencia artificial. El episodio provocó la ira de Donald Trump.

Las “barandillas” “no están definidas”

El jefe de OpenAI, Sam Altman, anunció entonces

“Es una cuestión de principios, no de personas”, explicó Caitlin Kalinowski sobre su renuncia, y agregó que tenía “mucho respeto por Sam (Altman) y el equipo”.

“Para ser claros, mi problema es que el anuncio se hizo apresuradamente, sin que se definieran las garantías”, añadió en un mensaje posterior. “Es sobre todo una cuestión de gobernanza. Estas cuestiones son demasiado importantes como para precipitarse a acuerdos o anuncios”.

Caitlin Kalinowski trabajó anteriormente en Meta, donde desarrolló gafas de realidad aumentada.



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