Por un lado, casi en su totalidad, hay democracias en las que se aplica el derecho moderno. Por el otro, una serie de Estados donde la justicia civil lucha por establecerse, o donde es abiertamente una ficción, una puesta en escena. Bueno: la separación de carreras entre jueces y fiscales es una herencia común en los países de la primera lista. Mientras que quienes mantienen a los tribunales y a los fiscales en el mismo sistema, como ocurre hoy en Italia, son sobre todo dictaduras, Estados canallas y naciones con una frágil civilización jurídica.
El cuadro de las dos listas, viral en las redes sociales, circula desde hace varios días en los círculos de los Comités del Sí, decididos a demostrar que la reforma constitucional en el centro del referéndum de los días 22 y 23 de marzo no hace más que devolver a Italia al redil de las naciones más avanzadas, donde la separación entre jueces y fiscales ha existido siempre sin que ello produzca la subyugación de los fiscales al poder político. La tabla es tan explícita que su exactitud es dudosa. Durante unos días, el diario trabajó en reconstruir la realidad de las cosas. Resultado: son exactamente así. Con pequeñas correcciones, la historia que cuenta el cuadro es cierta. En países con leyes avanzadas, los magistrados que juzgan no son los colegas de los magistrados que acusan. Mientras que jueces y fiscales van de la mano, no sólo en Italia, sino también en países difícilmente considerados cunas del derecho.
La lista de países con carreras distintas coincide en gran medida con las naciones de la vieja Europa. La lista recuerda los principales, pero si vamos más allá, examinando la situación de los 27 países de la Unión, descubrimos que 22 forman parte de la lista. Sólo faltan Italia y Grecia, donde la situación es prácticamente idéntica, con carreras únicas y organismos autónomos; y Francia, España y Bélgica, donde en el mismo sistema existen separaciones funcionales, y donde el Ministro de Justicia o el Fiscal General dicta la línea a la fiscalía (lo que, al parecer, no impide que ministros y presidentes de la República sean procesados). La separación es clara en Alemania, Austria y los países escandinavos: también allí, la historia reciente y pasada muestra que los fiscales, si es necesario, ahondarán sin preocupación en las fechorías del poder político. Aún más radical es la separación entre tribunales y fiscales en todos los países bajo el derecho anglosajón: Reino Unido, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Canadá.
¿Y del otro lado? Los jueces y fiscales son colegas en países donde uno no querría ser juzgado, como Pakistán, Irán e Irak. Y luego está la lista de dictaduras comunistas, como China (donde los fiscales son nombrados por asambleas populares locales) y Corea del Norte (donde los jueces y fiscales son nombrados por la Asamblea Popular Suprema). Hay países donde los derechos civiles tienen poco lugar, como Turquía y Argelia. Finalmente con Venezuela, donde la separación sólo existe en el papel.
Como precaución, Rusia fue eliminada de la lista de países de “carrera única”, donde jueces y fiscales tienen carreras separadas pero todos son nombrados por el gobierno.
Una pregunta obvia de los partidarios del Sí: ¿en cuál de las dos listas de países el poder judicial es más libre?