Todavía queda un largo camino por recorrer para la igualdad de las mujeres: la sociedad italiana, a pesar de los enormes avances, aún no ha logrado construir un equilibrio entre los sexos. El Presidente de la República celebra como de costumbre el 8 de marzo en el Quirinal, pero esta vez hay un aniversario especial que recordar: el voto de las mujeres que, el 2 de junio de 1946, dieron origen a la república aportando su entusiasmo al referéndum que debía elegir entre dar a Italia un futuro monárquico o republicano. “El voto de las mujeres en 1946 fue una verdadera revolución, que puso fin a una historia centenaria de discriminación y marginación y marcó el comienzo de una nueva temporada”, recordó inmediatamente Sergio Mattarella en su discurso con el que cerró una hermosa ceremonia en el Quirinal en presencia de un símbolo del ascenso de las mujeres a los más altos cargos, la Primera Ministra Giorgia Meloni. Luego también una advertencia del Jefe de Estado: “¡cuántos recursos, cuántos talentos hemos perdido en tiempos pasados!
Las instituciones han ofrecido y están ofreciendo un ejemplo. Pero la cuestión no es sobre figuras individuales de excelencia. El desafío concierne a millones de mujeres, trabajadores, profesionales y madres. El proceso sólo podrá considerarse completo – aseguró Mattarella – cuando ya no se pida a las mujeres que adopten modelos masculinos en diferentes ámbitos de la sociedad para que se reconozca su papel. “Hay mucho por hacer”, observó varias veces Mattarella, casi como para evitar que el 8 de marzo sea visto como un evento festivo donde se celebran los avances y se minimizan los retrasos: “la República ha dado mucho a las mujeres. Las mujeres han dado mucho a la República. Y el equilibrio aún no es igual”, explicó, precisando que ahora corresponde al Estado cerrar las brechas con medidas verdaderamente eficaces. Y aquí está la lista de agravios presidencial: hay que “promover políticas que promuevan la inclusión, la formación, el liderazgo femenino; apoyar la maternidad sin penalizaciones en la carrera; romper los obstáculos que aún limitan su potencial; eliminar la brecha salarial” y ciertamente luchar contra “la limitada presencia de mujeres en puestos directivos en las empresas, la violencia de género” y trabajar en medidas que permitan “el equilibrio entre la vida y el trabajo”.
El Jefe de Estado explicó que “estos ochenta años nos cuentan no sólo una historia de emancipación, sino también una historia de crecimiento de nuestra República y de la calidad de la democracia. La República ha sacado su fuerza de la contribución de la competencia y del sentido de responsabilidad de las mujeres. La presencia de las mujeres en las profesiones o en las instituciones no es una cuestión de cuotas: es el signo de una República que reconoce y valora todas las mejores energías a su disposición”. Un deber, añadió, que quedó consagrado en la posterior Constitución de la República y que debe empujar al Parlamento y al Gobierno a arremangarse para “alcanzar la igualdad efectiva”. El acto fue inaugurado por la ministra de Igualdad de Oportunidades, Eugenia Roccella, quien destacó cómo la fecha del 2 de junio de 1946 “marcó una frontera, un punto de inflexión a partir del cual comenzó una nueva historia para las mujeres”. Todo ello subrayando cómo quienes exigieron el derecho al voto fueron “los católicos, los socialistas, los liberales y los fascistas de la primera hora”.
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