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La Italia de la líder de la derecha radical Giorgia Meloni se prepara para acudir a las urnas para celebrar un referéndum sobre un texto ahora eclipsado por el contexto. En un país bajo tensión, donde la economía está amenazada por los acontecimientos geopolíticos globales, los votantes deben votar, los días 22 y 23 de marzo, sobre una reforma constitucional que reorganice el sistema judicial italiano. Se trata de uno de los tres grandes proyectos prometidos a los italianos por la coalición en el poder a partir de 2022. Los otros dos, destinados a reforzar los poderes del jefe del ejecutivo y ampliar la autonomía de las regiones, quedaron en el arena.

Para el gobierno, la reforma judicial debe poner fin a décadas de conflicto entre la institución judicial y los líderes políticos. Para los opositores, esto amenaza su independencia. Sin embargo, ha ocurrido lo que Giorgia Meloni quería evitar: el debate sobre el referéndum se centra ahora más en la acción del gobierno y sus posibles abusos que en el texto mismo, en un contexto de crisis de la democracia liberal.

A pesar de la estabilidad excepcional y de una reducción muy significativa de los déficits públicos, los resultados concretos del trienio de gobierno siguen siendo pobres a nivel económico. En este contexto, las posibilidades de un voto por el sí han empeorado: una encuesta reciente de YouTrend arroja un 54,1% de no por una baja participación y un 51,4% de alta participación. El fracaso marcaría un punto de inflexión en una legislatura caracterizada por el mantenimiento de un alto nivel de intención de voto de los partidos de gobierno.

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