Foto de : La Presse
Francesca Musacchio
Fue elegido, celebrado, bendecido. Pero aún no lo hemos visto. Y sobre todo aún no lo hemos oído. El misterio que rodea a Mojtaba Jamenei, proclamado nuevo líder supremo de Irán, entra en una fase aún más opaca. El régimen anuncia la sucesión, los Pasdaran sacan a la multitud a las calles, Hezbollah y las milicias chiítas iraquíes juran lealtad, los líderes institucionales hablan de una votación “transparente y legal”, pero el hombre que debería dirigir la República Islámica permanece fuera de escena. No se permiten discursos públicos ni apariciones en vídeo. Hasta el momento no hay pruebas directas de que sea realmente capaz de ejercer el poder. El día de ayer se construyó como una muestra de unidad. La Asamblea de Expertos anunció que había aprobado el nombramiento de Mojtaba Jamenei con más de dos tercios de los votos. Luego se convocó una reunión nacional para jurarle lealtad. Poco después, hicieron declaraciones de apoyo el presidente Masoud Pezeshkian, el jefe del poder judicial, Ali Larijani, los Pasdaran, las milicias chiítas iraquíes y Hezbolá. En Teherán, la multitud pro-régimen reunida por el Pasdaran desfiló con imágenes del nuevo líder junto a las de su padre Ali Jamenei. La imagen que el régimen quería mostrar es de continuidad, control y disciplina. Pero detrás de la escenografía queda un vacío.

El primer discurso de Mojtaba Khamenei fue anunciado por los medios iraníes. Pero este discurso no ocurrió ayer. Su foto se exhibió de manera destacada en el escenario durante las celebraciones, pero no la suya. Y es precisamente esta ausencia la que alimenta la sospecha de que falta algo en la narrativa oficial. Los rumores que han circulado en las últimas horas siguen siendo los mismos: Mojtaba podría estar vivo pero gravemente herido en una pierna, tal vez amputada, y desconoce su elección como Guía Supremo. O murió en los ataques que afectaron al sistema de mando iraní. Ninguna de estas hipótesis está confirmada. Pero el hecho de que la televisión estatal anuncie una intervención que luego no se retransmitirá, mientras el aparato moviliza al país para jurar lealtad a un guía invisible, refuerza las especulaciones. En este contexto, también apareció otro elemento. En las últimas horas ha circulado un vídeo de muy mala calidad en el que Mojtaba se dirige a estudiantes universitarios y anuncia el fin de su docencia. El video, según información filtrada, data de hace unos meses y fue subido al sistema interno de la universidad, al que se puede acceder únicamente con una cuenta y contraseña. Pero el Mossad habría conseguido romper este circuito confidencial, extraer el expediente y hacerlo circular. El vídeo puede representar la única imagen reciente de Mojtaba.

Lo que hace que la situación sea aún más frágil es el hecho de que este nombramiento no ha resuelto las tensiones internas. La otra noche, en Teherán, resonaron consignas hostiles a Mojtaba e, incluso dentro del establishment, no faltaron protestas contra la presión ejercida por los Pasdaran y la regularidad del procedimiento. Incluso desde fuera la presión no disminuye. Donald Trump indicó que no estaba “contento” con esta elección, mientras que para el Ministerio de Asuntos Exteriores israelí, “Mojtaba Jamenei ya tiene las manos sucias por el derramamiento de sangre que caracterizó el gobierno de su padre. Otro tirano que perpetúa la brutalidad del régimen iraní”. Por tanto, la República Islámica intenta mostrar al mundo una sucesión completa, rápida y blindada. Pero todas las señales dicen lo contrario. Hay un nuevo nombre en la cima, una máquina de propaganda desplegada y una calle ordenada a obedecer. Pero falta la presencia del Guía Supremo en carne, en voz y en autoridad. Y mientras Mojtaba Jamenei siga siendo un rostro impreso en un cartel, el misterio que rodea su destino seguirá pesando en el corazón mismo del régimen iraní.
