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Santiago de Chile, 15 nov (Adnkronos)- Chile acude hoy domingo 16 de noviembre a las urnas para elegir al nuevo Parlamento y al nuevo presidente que sucederá a Gabriel Boric, el exlíder del movimiento estudiantil que despertó grandes esperanzas cuando fue electo, con sólo 35 años, pero que finaliza su mandato con un índice de aprobación del 30%.

Esta es también la razón por la que la carrera de Jeannette Jara, miembro del Partido Comunista de 51 años y ex ministra de Trabajo en el gobierno de Boric, ha estado plagada de obstáculos en los últimos meses. En junio pasado ganó las primarias de izquierda, convocadas porque, salvo las urnas, la Constitución chilena prohíbe dos mandatos presidenciales consecutivos.

Las predicciones para la primera vuelta de hoy, sin embargo, dan a Jara la ventaja con un 25-30% de los votos, una ventaja que no es suficiente para evitar la segunda vuelta y que corre el riesgo de ser una ilusión óptica porque la derecha chilena no ha organizado las primarias y por lo tanto varios de sus candidatos se presentarán, y en particular tres competirán por la posibilidad de pasar a la segunda vuelta el 14 de diciembre, esta vez con grandes posibilidades de victoria. De hecho, según las encuestas, la preferencia de los candidatos de derecha alcanzará al menos el 50% en general, allanando así el camino para el regreso de la derecha a La Moneda.

A la cabeza del grupo de candidatos de derecha está José Antonio Kast, líder de la extrema derecha del Partido Republicano, de 59 años, derrotado hace cuatro años por Boric, que promete luchar contra el crimen y la inmigración al estilo de Donald Trump y que, según los sondeos, debería terminar segundo detrás de Jara mañana. Sin embargo, en las últimas semanas de la campaña electoral, Johannes Kaiser, diputado del Partido Nacional Libertario, pero sobre todo el popular YouTuber apodado “Milei chileno”, redujo la brecha, dado que la campaña poco tradicional recordaba a la del histriónico presidente argentino.

En esta primera vuelta, que se ha convertido así en una especie de primarias de la derecha, hay que señalar también la presencia de una derecha más tradicional, Evelyn Matthei, economista de setenta años, ex alcaldesa y ministra del gobierno de Sebastián Piñeira, derrotada en las elecciones presidenciales de 2013 por Michelle Bachelet, que había iniciado la campaña como favorita, pero que poco a poco fue perdiendo terreno. Por último, hay que señalar también una cierta progresión en las encuestas del ingeniero y economista Franco Parisi, líder independiente del Partido Popular, que quedó tercero en 2021 después de Boric y Kast.

Las previsiones negativas para la segunda vuelta no impidieron a Jara liderar una campaña electoral dirigida exclusivamente a los trabajadores menos protegidos, prometiéndoles una reforma de la salud pública, guarderías y el derecho a una vida digna. Tanto es así que en las últimas semanas se han hecho comparaciones entre el candidato chileno y el nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, por su compromiso compartido de defender los intereses de los trabajadores frente a los de los más ricos.

“Haremos que cada familia chilena pueda llegar a fin de mes en paz, ese es mi compromiso: dignidad, trabajo digno y buenos salarios”, declaró durante sus mítines el representante comunista que, como ministro de Trabajo, lanzó la histórica reforma del salario mínimo, fijado hoy en poco más de 500 dólares, y que, como presidente, promete elevarlo a casi 800 dólares.

Jara, por su parte, tiene una historia personal que le permite hablarle a su pueblo: nacida en el barrio proletario de Santiago de Conchalí, Jara comenzó a trabajar a los 13 años recogiendo frutas luego de que sus padres se vieron obligados a emigrar, su padre a Brasil y su madre al norte, para cubrir las necesidades de la familia. Al año siguiente, con sólo 14 años, se incorporó a la sección juvenil del Partido Comunista, entonces ilegal, para oponerse al régimen de Augusto Pinochet.

Un rumbo que la sitúa en el frente diametralmente opuesto de su principal adversario Kast, hijo de un lugarteniente nazi refugiado en América Latina después de la Segunda Guerra Mundial y hermano de un ministro de la época de Pinochet, dictador del que el candidato presidencial dice ser admirador. En la anterior carrera por La Moneda, este pasado le creó problemas a Kast, pero hoy su programa de tintes trumpianos, complementado con el lema “primero los chilenos”, parece dar respuestas a dos problemas considerados los más urgentes, la delincuencia y la inmigración, y no sólo por el electorado tradicional de extrema derecha.

Las encuestas muestran que para más del 87% de los chilenos, la criminalidad ha aumentado durante el último año y que más del 76% de ellos dice haber cambiado sus hábitos diarios para aumentar su seguridad. Ante estas cifras, Jara también promete una política de seguridad más severa que la actual, pero esto nada tiene que ver con la ofensiva inspirada en la implementada en El Salvador por Javier Bukele, otro aliado de hierro de Trump, contra las pandillas, prometiendo cárceles de máxima seguridad para encerrar a los narcos en régimen de aislamiento y con penas reforzadas.

“Chile fue invadido, pero ya se acabó”, dice un anuncio de Kast que, siguiendo nuevamente el modelo de Trump, combina la cuestión de la delincuencia con la de la inmigración, señalando en particular el medio millón de venezolanos que han llegado al país desde que el colapso económico de Caracas ha puesto a 8 millones de personas en fuga desde 2017.

Y el candidato nacionalista de Chile promete la creación de un Escudo Fronterizo, a lo largo de cientos de kilómetros de la desolada frontera norte del país, para mantener alejados a los inmigrantes. La referencia al muro trumpiano es obvia, aunque el entorno de Kast afirma que el candidato se inspiró en los viajes a Israel y Hungría, donde visitó la controvertida barrera con Serbia.

Kaiser también promete cerrar la frontera con Bolivia y expulsar a inmigrantes indocumentados con antecedentes penales a El Salvador. El diputado libertario de 49 años – de origen alemán, hasta el punto de que algunos definen al grupo de candidatos de derecha como un “batallón alemán”, pero con un abuelo paterno socialdemócrata que huyó de Alemania tras el ascenso de Adolf Hitler – quiere reducir drásticamente el gasto público y el aparato estatal, de ahí la comparación con la motosierra de Milei, y retirarse del tribunal regional de derechos humanos y de los acuerdos de París sobre el clima.

En las elecciones de hoy también votaremos para renovar los 155 escaños de la Cámara Baja del Parlamento y 23 de los 50 escaños del Parlamento, en los que la coalición de izquierda que apoya al Presidente Boric es actualmente minoría. Si la derecha logra recuperar el control del Parlamento y luego la presidencia en diciembre, sería la primera vez desde el fin de la dictadura de Pinochet en los años 1990. Además, si obtuviera una mayoría cualificada, o al menos 89 escaños en la Cámara y 29 en el Senado, podría aprobar reformas constitucionales.

Por último, no debemos olvidar que en las elecciones de mañana podría haber un elemento sorpresa, debido a que estará vigente la ley que obliga al voto, incluso con sanciones económicas para quienes se abstengan sin justificación razonada. Por tanto, esperamos una tasa de participación significativamente superior a la de la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2021, donde hubo una abstención del 53%.

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