(Adnkronos) – Durante casi diez años, esta ha sido una de las historias más enigmáticas de la seguridad internacional. Diplomáticos, agentes de inteligencia y soldados estadounidenses sufren repentinos trastornos neurológicos: mareos, pérdida del equilibrio, problemas cognitivos, dolores insoportables en la cabeza y los oídos.
El fenómeno ha sido denominado “síndrome de La Habana”, en honor al primer grupo de casos registrados en 2016 entre diplomáticos estadounidenses en Cuba.
Durante años, Washington ha oscilado entre dos hipótesis: un ataque deliberado utilizando nueva tecnología o una combinación de causas ambientales o psicológicas. Ahora, una nueva investigación del programa 60 Minutes de CBS revive la primera posibilidad con detalles que podrían cambiar la historia.
Según la reconstrucción periodística, Estados Unidos compró en secreto un arma de microondas miniaturizada a una red criminal vinculada a Rusia en 2024. El dispositivo, probado posteriormente en un laboratorio militar estadounidense, supuestamente produjo heridas en animales compatibles con las reportadas por víctimas humanas.
De confirmarse, sería el primer indicio concreto de la existencia de un arma capaz de provocar los síntomas reportados por cientos de funcionarios estadounidenses en todo el mundo.
La investigación televisiva recoge testimonios que, a lo largo de los años, han mostrado una similitud sorprendente. Un ex teniente coronel de la Fuerza Aérea que trabajó en satélites militares altamente clasificados describe que le dispararon varias veces en su casa en Virginia entre 2020 y 2021. “Sentí como si alguien me hubiera dado un puñetazo en la garganta. Luego, un apretón repentino en la cabeza, desorientación, mareos”.
Otros funcionarios estadounidenses describen sensaciones similares: un zumbido penetrante en los oídos, presión en las sienes, pérdida del equilibrio, náuseas. Muchos de ellos desarrollaron trastornos neurológicos permanentes, con problemas de memoria, visión y concentración. Algunos han sido sometidos a cirugía por daños en el oído interno o el sistema óseo. Según el Departamento de Estado, más de doscientos funcionarios estadounidenses han informado de incidentes compatibles con este síndrome desde 2016, en países que van desde Cuba hasta China, desde Austria hasta Rusia y los propios Estados Unidos.
Sin embargo, la historia podría ser mucho más larga de lo que piensas. El primer caso documentado podría remontarse a 1996.
Michael Beck, agente de la Agencia de Seguridad Nacional, dijo que descubrió una amenaza tecnológica durante una misión a un “país hostil” mientras inspeccionaba el sitio de construcción de una sede diplomática estadounidense. Al día siguiente, se despertó con síntomas inexplicables: confusión mental, incapacidad para concentrarse, sensación de profundo mareo. Las enfermedades desaparecieron temporalmente, pero años después reaparecieron en forma mucho más grave.
En poco tiempo, Beck desarrolló síntomas neurológicos progresivos: dificultades motoras, parálisis intermitente, mareos. El diagnóstico fue el de enfermedad de Parkinson de inicio temprano, con apenas 45 años, sin antecedentes familiares. El colega que había participado con él en la misión falleció algunos años después, con signos de envejecimiento acelerado.
Según Beck, fallecido en enero de este año, un documento clasificado de inteligencia que data de los años 1990 describía un sistema de microondas de alta potencia capaz de debilitar o matar a un adversario con el tiempo sin dejar rastros evidentes. Si se confirma esta reconstrucción, Beck podría haber sido la primera víctima documentada de un arma neurológica de energía dirigida.
Una de las hipótesis más discutidas es la del médico y microbiólogo David Relman, profesor de la Universidad de Stanford, que dirigió dos comisiones científicas encargadas por el gobierno estadounidense. Según sus estudios, la explicación más plausible para determinados casos sería la exposición a microondas pulsadas de alta intensidad.
Esta forma de energía electromagnética, si se modula de una manera particular, podría interferir con los tejidos biológicos: provocar desorientación y pérdida del conocimiento; estimular directamente las neuronas; generar sensaciones auditivas y dolor sin ruido externo.
Relman recordó que gran parte de la investigación sobre estas tecnologías se realizó durante la Guerra Fría en la Unión Soviética, cuando se investigaban posibles aplicaciones militares de las microondas en el cuerpo humano.
A pesar de los testimonios y algunos análisis científicos, la posición oficial de la comunidad de inteligencia estadounidense sigue siendo cautelosa. En 2023, una evaluación coordinada por la Oficina del Director de Inteligencia Nacional concluyó que era “altamente improbable” que los incidentes fueran provocados por un adversario extranjero.
Esta conclusión provocó fuertes críticas entre las víctimas y algunos expertos.
Según la investigación de 60 Minutes, varios funcionarios de inteligencia temieron que reconocer la existencia de un ataque tecnológico deliberado pudiera tener enormes consecuencias geopolíticas. Un ex oficial de la CIA entrevistado en el artículo: “Si se acepta que un país extranjero está atacando a diplomáticos y agentes estadounidenses con un arma en suelo estadounidense, eso es básicamente un acto de guerra. »
El punto más sorprendente de la investigación se refiere al arma adquirida en 2024 por agentes encubiertos del Departamento de Seguridad Nacional.
Según varias fuentes citadas por CNN y 60 Minutes: el dispositivo sería portátil y fácilmente ocultable, podría llevarse en una mochila, funcionaría con pulsos de ondas de radio o microondas programables, tendría un alcance de varios cientos de metros, el haz podría atravesar ventanas y paredes delgadas.
El detalle crucial, explican los investigadores, no sería el hardware sino el software que modula la onda electromagnética, creando pulsos rápidos y variables. Esto correspondería exactamente al mecanismo sugerido por estudios científicos de los últimos años.
En varias ocasiones se ha mencionado la posible implicación de Moscú. En 2024, una investigación periodística conjunta entre 60 Minutes y el sitio de investigación ruso The Insider identificó a miembros de una unidad de inteligencia militar rusa en las proximidades de determinados incidentes. Sin embargo, no hay pruebas definitivas que vinculen directamente al Kremlin con los incidentes. Moscú siempre ha negado cualquier implicación.
La Oficina del Director de Inteligencia Nacional anunció un nuevo estudio integral de “incidentes de salud anómalos”, como se les llama oficialmente.
Pero el problema no es sólo científico o de investigación: también es político y moral.
Muchos de los agentes implicados han acusado al gobierno estadounidense de ignorarlos o incluso ridiculizarlos durante años. Algunos buscan que sus lesiones sean reconocidas oficialmente como lesiones sufridas en el cumplimiento del deber. Uno de ellos, ex alto funcionario de la CIA, resumió así el sentimiento de muchos colegas: “La herida más grande no es sólo neurológica. Es el sentimiento de haber sido abandonado por el propio país”.
Si se confirman las nuevas informaciones sobre el arma de microondas, el Síndrome de La Habana podría pasar de ser un misterio médico a una de las formas más inquietantes de guerra invisible del siglo XXI: rayos invisibles, capaces de impactar a un individuo concreto, sin dejar signos inmediatamente reconocibles. Un arma perfecta para la guerra secreta de nuestro tiempo.