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En las aceras la nieve es negra, el aire rasca la garganta y se esparce un olor químico. Rutina para los aproximadamente 380.000 habitantes de Ust-Kamenogorsk (Ouskemen en kazajo), en el noreste de Kazajistán, que viven al ritmo de episodios de smog, esa densa nube negra de contaminación que envuelve la ciudad. A mediados de febrero la aplicación suiza IQAir registró una concentración de partículas finas (PM2,5) de 370 microgramos (μg)/m324 veces superior al promedio diario recomendado por la Organización Mundial de la Salud, y considerado “alto riesgo” para la salud.

“Todo el mundo está preocupado por la contaminación. Respiramos estos gases y nos matan lentamente”explica Kabir Matchtanov, empleado de una pequeña empresa. “A mis dos hijas les moquea constantemente y les arde la garganta. Tienen que someterse a un tratamiento todos los meses”explica el padre, que calcula esta ayuda periódica entre 100 y 200 euros al mes, cuando el salario medio en Kazajstán ronda los 712 euros.

Este 16 de febrero, los niños de la ciudad seguirán clases online: las escuelas cierran durante los episodios de “condiciones climáticas desfavorables”decretado cuando el viento amaina y los contaminantes se estancan sobre Ust-Kamenogorsk, haciendo que el smog sea irrespirable.

Kabir Matchtanov, un taxista cuyas hijas padecen dolencias que él atribuye a la contaminación, en una farmacia de Ust-Kamenogorsk (Kazajstán), el 17 de febrero de 2026.

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