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A las 20.45 horas, este sábado por la noche se apagan las luces en el inmenso Accor Arena. En la oscuridad, una voz se eleva poco a poco, llevada por los 13.000 espectadores reunidos en la sala parisina. La multitud corea su nombre: “Kendji, Kendji”

Para su entrada no hubo explosión de luces ni efectos espectaculares. En las pantallas gigantes, una cámara invita a entrar en un cálido camerino: alfombras orientales, luces tenues y guitarra en mano. Como si un ratoncito estuviera observando los últimos minutos antes de subir al escenario. Kendji Girac se calienta lentamente, entre bastidores, fuera de la vista.

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