Esta mañana de marzo llueve intensamente en París. Los toques finales no están del todo completos. Pero Anne Hidalgo no quiso perderse esta última gran inauguración: el “bosque urbano” de la plaza Colonel-Fabien, en los distritos 10 y 19. Encapuchado, rodeado de dos alcaldes de distrito socialistas, el concejal repite incansablemente que la ciudad debe transformarse y que ha empezado a hacerlo. Sin rehuir el placer de acercarse a la sucesión.
Mientras tanto, en el ala del ayuntamiento dedicada a ella, la que bordea el Sena y ofrece una magnífica vista de la capital, los colaboradores del alcalde del PS de París hacen las maletas. La mayoría ya se fue “o se mudó a otra parte”, susurra un funcionario electo.