Perseverance, la joya tecnológica de la NASA, pudo haber conseguido piedras preciosas mientras observaba Marte. No son diamantes brillantes, sino pequeños cristales similares al corindón, el mineral que forma nuestros rubíes y zafiros terrenales. Un descubrimiento que intriga a los geólogos especializados en Marte y reaviva el interés por los procesos profundos que tienen lugar en el planeta rojo.
Este hallazgo es todo menos anecdótico. Hasta el momento no se había identificado claramente ningún mineral de tipo rubí o zafiro en Marte: Perseverance ya había revelado rocas ricas en sílice, con ópalo, calcedonia y cuarzo, pero ningún corindón confirmado. La presencia de cristales comparables podría indicar condiciones geológicas particulares (presiones, temperaturas, circulación de fluidos) que arrojan luz sobre la historia térmica y química de la corteza marciana.
El descubrimiento, informado por New Scientist, proviene del trabajo de un equipo dirigido por Ann Ollila, investigadora del Laboratorio Nacional de Los Álamos en Nuevo México. Utilizando el instrumento SuperCam de Perseverance, se llevaron a cabo análisis detallados de un guijarro llamado “río Hampden”, un guijarro de color claro que descansa sobre la superficie. SuperCam combina varias técnicas, incluido un láser que vaporiza una pequeña porción de la roca y un láser Raman que la ilumina para inferir su firma mineralógica.
Al comparar los espectros obtenidos en Marte con los de los rubíes medidos en el laboratorio, el equipo notó similitudes sorprendentes, sugiriendo la presencia de pequeños granos de corindón o un mineral muy similar. “Los resultados para el río Hampden fueron casi idénticos a los de los rubíes medidos en el laboratorio”explican los investigadores, aunque se mantienen cautelosos sobre la necesidad de confirmar esta interpretación con otras mediciones e, idealmente, con la devolución de muestras.
No es suficiente para hacer una corona
Este tipo de mineralogía podría tener implicaciones para la cuestión de la habitabilidad pasada. En la Tierra, la formación de algunos corindones está ligada a ambientes ricos en fluidos y a marcados gradientes de temperatura y presión, a veces asociados a sistemas hidrotermales. Sin embargo, estos contextos, que favorecen la circulación de agua y soluciones químicas, son también ambientes donde la vida microbiana puede desarrollarse o dejar rastros.
Perseverance, que explora el cráter Jezero, una antigua cuenca lacustre, ya ha descubierto rocas sedimentarias complejas, áreas erosionadas y minerales que indican la presencia prolongada de agua líquida. En este panorama, el descubrimiento de cristales de tipo rubí, incluso en estado de granos microscópicos, se convierte en una pieza más de un rompecabezas más amplio: el de las condiciones geológicas que reinaban en Marte hace más de 3 mil millones de años.
Por el momento, estas gemas marcianas siguen siendo invisibles a simple vista: no hay necesidad de apresurarse a coger el pico, no encontrarás rubíes del tamaño de un puño mientras excavas en el desierto rojo. Estas son solo firmas espectrales detectadas remotamente por el rover. No son menos valiosos para los científicos porque perfeccionan nuestra comprensión de las reacciones químicas que tienen lugar en la corteza marciana y los episodios de alteración que ha experimentado el planeta.
Mientras Perseverance continúa recolectando núcleos de roca para su futuro regreso a la Tierra, estos cristales representan solo una parte pequeña, pero significativa, del edificio científico. La misión pinta gradualmente una imagen de un planeta Marte que no es tanto un simple desierto mineral helado sino un mundo complejo con múltiples historias geológicas.