Nada contra Sabino Cassese, uno de los más grandes constitucionalistas vivos. Pero ¿realmente nos atreveríamos a hacer una comparación con Marisa Laurito? Éste debe ser más o menos el razonamiento esgrimido por la izquierda estos días. Sí, porque pocas horas después del referéndum, los partidos de la oposición y los distintos órganos de la Cámara se centraron en la célebre actriz de cabaret napolitana. Un personaje popular, sin duda. ¿Pero es ella realmente la mejor portavoz para apoyar las razones para votar sobre la reforma judicial?
La escena es de esas que, más que convencer, hacen pensar. O tal vez preocuparse. Porque si la línea de comunicación del Frente No en un referéndum depende del brío de una actriz, es porque algo, desde arriba, no funciona. Laurito es un rostro conocido de la televisión italiana, símbolo del espíritu napolitano alegre y teatral, protagonista de videollamadas en las que invita a los italianos a votar no “para defender nuestra Constitución con los dientes”. Tonos vivos, colores vivos, sonrisa tranquilizadora. Pero ¿cuáles son los argumentos detrás de la escenografía?
Los cimientos sobre los que descansa el frente del no parecen frágiles, más emocionales que racionales, como sabemos. Y los miedos son visibles: el miedo a perder estructuras consolidadas, equilibrios cómodos, posiciones de poder sedimentadas en el tiempo. En particular para cierta parte del poder judicial, ligado a dinámicas actuales que poco tienen que ver con la idea de justicia terciaria e imparcial. Y luego está el miedo inducido, el miedo que intentamos transmitir a los ciudadanos. El pueblo soberano, llamado a expresarse directamente a través del instrumento del referéndum, se convierte en destinatario de un mensaje más sugerente que informativo. Un prisma comunicativo que filtra contenidos complejos y los vuelve simplificados, emotivos y a veces distorsionados.
El uso de rostros provenientes del entretenimiento encaja en este contexto. Una elección legítima, por el amor de Dios. Toda persona tiene derecho a expresar su opinión. Pero cuando la política abandona el análisis en profundidad para apoyarse en el entretenimiento, el riesgo es evidente: se trata más de seducir que de explicar. Laurito no es el único artista que ha entrado en este campo: desde Fiorella Mannoia hasta Carmen Consoli, la lista es larga. Pero la actriz es la más “viral”: entrevistas, vídeos, llamadas, incluso apariciones en “Piazzapulita”. Obviamente, Formigli prefirió darle espacio a él antes que un abogado para el no. Y el anfitrión también se alegrará, porque las declaraciones no fueron amables: “¿Por qué voto ‘no’ en el referéndum? Me gustaría seguir viviendo en un país democrático”. Y de nuevo: “¿No debería ser el Primer Ministro de todos los italianos? No debería ir a todas partes para obligar a la gente a votar. Sí, no creo que tengamos toda la razón, pero por otro lado, hemos visto muchos errores”.
Objetivamente, la operación no convence y no podía ser de otra manera. Y los internautas no se han quedado de brazos cruzados, como lo demuestran las ironías que se han extendido en las redes sociales. Seamos claros: nada en contra de Laurito, un artista que merece un gran respeto.
El objetivo es la izquierda, desesperada por una victoria contra Giorgia Meloni. Por eso no sorprende que los memes vean a la actriz como una de las principales representantes del lado del no, flanqueada por ilustres constitucionalistas – como el ya mencionado Cassese – del lado del sí.