De pelo rubio, el pasajero mira avergonzado a su interlocutor. “Eh… no necesito conocer gente”, balbucea este treintañero del TGV de París-Lille en el vagón bar. La inusual propuesta lo sorprendió. Este martes simplemente vino a tomar un café y una mujer, toda sonrisas, se le acercó ofreciéndose a charlar unos minutos.