Este artículo forma parte de ZEIT am Wochenend, número 12/2026.
Al menos lleva unas adilettes falsas. Pero aquí terminan los clichés que años de consumo de RTL2 han sembrado en el cerebro de los empleados alemanes. Eileen Tatzko, de 30 años, no se queda en cama todo el día. No hay manchas de grasa en sus pantalones. Tampoco bebe cerveza enlatada y no le eructa en la cara a su pareja cuando éste vuelve del trabajo por la noche.
Eileen prepara un capuchino para ella y su visitante que es mejor que en muchos bares. Sobre la mesa del salón hay tulipanes que brillan como si esa mañana hubieran salido corriendo de Holanda a Hannover. Su apartamento ha sido aspirado, su cabello recién peinado y hay galletas en la mesa de café. “Intento estructurar mis días”, dice Eileen. “La limpieza es parte de ello”. Si no hubiera sido el martes a la hora del almuerzo, no habrías sabido que Eileen estaba desempleada. ¿Debería ser éste el testaferro de los desempleados? ¿Un sucesor de Arno Dübel, “el desempleado más descarado de Alemania”? ¿Alguien que rechaza el trabajo y se vuelve testarudo es realmente una de esas figuras en las que piensas cuando Friedrich Merz habla de los desempleados?