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El 4 de enero de 1656, poco después de la medianoche, la suerte del Nuestra Señora de Maravillas rocas. Este gigante de los mares armado con 36 cañones y cargado de riquezas destinadas a la Corona de España choca con otro barco de su propia flota. A los treinta minutos se hundió en las aguas del Little Bank de las Bahamas. De los 650 hombres a bordo, 45 sobrevivieron al ahogamiento y a los tiburones. Con el paso de los siglos, los restos del naufragio se convirtieron en una leyenda para los cazadores de tesoros.

Después de décadas de saqueos y excavaciones oficiales, se pensaba que el sitio había revelado todo lo que podía. Por no hablar de Carl Allen, un apasionado hombre de negocios que, a través de su empresa Allen Exploration, reanudó las excavaciones en 2020 y sacó a la luz tesoros de valor incalculable. “Cuando volvimos a montar el colgante ovalado de esmeralda y oro, me dejó sin aliento.», confiesa emocionado en un artículo sobre Mecánica Popular.

Carl Allen no sólo desenterró las joyas de las profundidades, sino que también descubrió que este barco guardaba un terrible secreto. Al analizar las monedas y lingotes recuperados, los arqueólogos hicieron un descubrimiento sorprendente. Se dice que el galeón fue un centro de contrabando.

Oficialmente, se suponía que el barco no transportaría mercancías mexicanas. Sin embargo, se han encontrado miles de monedas acuñadas en México. Se trata de un crimen de tres siglos de antigüedad que se revela así: un sistema de corrupción generalizada en el que los comerciantes y funcionarios españoles engrasaban las garras de las autoridades para ocultar parte de la fortuna transportada, escapando así del impuesto real.

Un mapeo preciso del drama.

La expedición también encontró objetos raros, como una cadena de oro de dos metros de largo y colgantes de la Orden de Santiago, una hermandad de caballeros cristianos. Estos objetos, que no aparecen en ningún registro oficial, confirman que el Maravillas llevaba una carga fantasma mucho mayor de lo esperado. “El galeón estaba lleno de contrabando que lubricaba ilegalmente los mercados.es y funcionarios españoles“, explica Carl Allen.

Para realizar su investigación, Carl Allen optó por un enfoque científico y tecnológico. En lugar de recoger indiscriminadamente todo lo que brilla, su equipo utilizó aviones para escanear grandes zonas del fondo marino. Cada objeto, desde el simple clavo en el casco hasta los distintos barriles cargados a bordo, ha sido registrado en una base de datos georreferenciada. El objetivo es comprender cómo se partió el barco y cómo su contenido pudo haberse derramado sobre una zona tan vasta.

Este enfoque permite transformar una simple búsqueda del tesoro en la autopsia de un desastre marítimo. James Sinclair, arqueólogo marino que participó en el proyecto, subraya: “No se trata sólo de arqueología forense. También estamos investigando excavaciones antiguas para comprender qué hicieron los equipos de rescate anteriores.»

El trabajo aún está lejos de estar terminado. Cada inmersión trae consigo sus sorpresas y nuevas preguntas. Para las Bahamas, estos descubrimientos son una bendición porque todas las piezas ingresarán al Museo Marítimo de las Bahamas para su exhibición pública.



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