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La tensión crece desde hace meses entre los rectores de las universidades, por un lado, y el gobierno, por el otro. Para los primeros, las cuentas ya no existen: la financiación pública es insuficiente y la calidad de la enseñanza está en peligro. El segundo defiende una observación menos sombría y destaca la necesidad, en un contexto de presupuesto limitado, de nuevos ahorros.

Las fundaciones de financiación universitaria, anunciadas en enero, pretenden aliviar la situación. En la mesa se encuentran desde febrero los grupos directivos de los institutos, las rectorías pero también las autoridades locales, invitadas a reuniones temáticas en la zona por los copresidentes del evento, el inspector general de finanzas Jérôme Fournel y el ex rector universitario Gilles Roussel.

En la apertura del pleno, el jueves 26 de marzo, en el que también participaron las organizaciones que representan a profesores-investigadores y estudiantes (el Snesup-FSU, la CGT y la Unión de Estudiantes abandonaron rápidamente la sesión), Philippe Baptiste intentó definir el marco de los debates. “Salir de las batallas de los números para responder colectivamente a las necesidades de las universidades” teniendo en cuenta “el contexto de fuertes restricciones presupuestarias”, “Es un ejercicio peligroso pero necesario”, estimado el Ministro de Educación Superior e Investigación.

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