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Cinco meses y diez días. Esta es la sentencia en apelación pronunciada contra dos de los rostros más conocidos de la superficie rival de Turín. Sara Munari Y Stefano MillésimoAmbos muy jóvenes y considerados dos de los líderes de Askatasuna, fueron declarados responsables de los hechos ocurridos durante una manifestación contra el Sindicato Industrial de Turín en manos del actual centro social, considerado durante años un laboratorio político pero ahora en el centro de una larga temporada judicial. Ambos hombres fueron absueltos en primera instancia en el maxiproceso de Askatasuna, pero hace sólo dos días, en apelación, se tomó una decisión que anula esta lectura, dando una imagen diferente de los enfrentamientos deliberados con la policía.

Durante esta manifestación, según se desprende de los documentos oficiales que obran en poder de Il Giornale, no se trataba de una simple procesión degenerada. sino de acción coordinada y repetida. “Con múltiples acciones ejecutivas del mismo plan criminal” – leemos – “atacaron repetidamente con palos, palos, patadas y puños… a los carabineros en misión de orden público”. Palabras claras, que describen una dinámica muy particular y que se ven confirmadas por las consecuencias de este día: siete soldados de la fuerza obligados a recibir tratamiento de emergencia, golpeados durante lo que la sentencia define como un “ataque violento”.

Por tanto, no se trata de una reacción espontánea, sino de un clima de incitación y presión continua. “Vamos muchachos, no nos dejemos intimidar por la policía, no retrocedamos, estamos ganando, somos muy fuertes, Confindustria está bajo ataque”: este es el grito que Munari lanzó al micrófono, exaltando a los opositores, mientras Millesimo los empujaba “hacia los carabinieri desplegados para proteger la entrada, que al mismo tiempo estaban bajo ataque”. Un lenguaje desafiante, casi militar, que según los jueces habría jugado un papel determinante para transformar la tensión en enfrentamiento físico.

Sin embargo, el propio Millesimo, en una entrevista con La Stampa tras la expulsión de Askatasuna, habló de una “actitud fuerte por parte de la policía”. Una lectura revertida por los magistrados, quienes en la reconstrucción procesal describen un contexto opuesto. Niños alineados en las primeras filas, convenientemente adoctrinados en la violencia, empujados hacia la policía con la única orden de golpear. Al mismo tiempo, Sara Munari – según está escrito – lideró la agresión aunque la defensa incluso intentó salvarla diciendo que la joven “no se dio cuenta de lo que decía”: intento que no fue aceptado.

Una línea defensiva que los jueces rechazaron al creer conocer plenamente el papel jugado durante los enfrentamientos.

Y mientras llega esta sentencia, hoy el mundo de Askatasuna vuelve a las calles. No en Turín sino en Roma, pero una vez más contra el Estado.

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