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Al cínico Diógenes, que se identificaba con el perro, le preguntaron una vez de qué raza era. Él respondió que se sentía como un moloso, un perro grande que todos querían tener, pero que se resistía a llevarlo consigo cuando salían a cazar, “por miedo al cansancio”. Aquí, las páginas de la última novela de Orazio Labbate, Chianafera (NN Editore, 144 páginas, 17 euros) son un moloso literario: el lector se encuentra en un laberinto que recorrer mientras somete sus propias capacidades interpretativas a un tour de force. Pero una vez superados los obstáculos, uno puede abandonarse a los placeres del expresionismo más radical y comprender que un medio lingüístico tan impermeable es el más adecuado para dar forma a una historia que evoca temas universales, empezando por el chantaje de la filiación; incluido el linaje literario. Los hechos denunciados son los siguientes: un hombre de unos cuarenta años, del mismo nombre que el autor, llega por la noche a un hospital psiquiátrico. Acompañado a su habitación y postrado en cama sumariamente, intuye que la hospitalización podría facilitar el descubrimiento y la metabolización de un diario o un libro de horas escrito por sus padres. Este documento representa el pasado, es decir algo que no puede ser tocado ni alterado, sino sólo interpretado a través de “una hermenéutica instintiva, una exégesis manida”. ¿El objetivo? Reconstruyendo la violenta operación de entrenamiento, el perverso juego de espejos con el que nos convertimos en dos, el ser posible y virtual sucumbe y es reemplazado por el yo real. En la novela, este “asesinato” tiene lugar en Chianafera, es decir Piano della Fiera. “Estás en Chianafera, bebe jugo de medusa”, se lee legiblemente en un dispensador de refrescos: el pasado, al menos, se puede parodiar.

“Fera” fue también la orca de Stefano D’Arrigo, que, junto a un Bufalino en cubos, constituye el horizonte en el que situar una historia para leer con la lentitud que merecen las novelas que, además de contar una historia, se atreven a arrojar luz sobre mecanismos mentales demasiado íntimos para no ser suprimidos.

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