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Alrededor de 80 millones de euros de ahorro en las facturas de los italianos. Estos son los efectos de la entrada en vigor del horario de verano la noche del sábado 28 al domingo 29 de marzo. Una suma nada despreciable, sobre todo si la ponemos en el contexto de las elevadas facturas actuales y de la creciente atención que se presta a la eficiencia energética en las paredes de la casa.

Adelantar las manecillas una hora a las dos de la madrugada nos permitirá tener una hora extra de sol pero, en términos económicos y de producción eléctrica, esto implica cifras realmente significativas. Según Terna, esto representaría aproximadamente 302 millones de kWh de reducción del consumo eléctrico, lo que equivale a las necesidades promedio anuales de 115 mil familias, cifra que permite comprender el impacto real de la medida a escala nacional.

Para calcular cuánto ahorraremos con el horario de verano este año, tomamos como referencia el precio medio de la electricidad fijado por Arera (Autoridad Reguladora de la Energía, las Redes y el Medio Ambiente) para principios de 2026: unos 26,63 céntimos por kilovatio hora (impuestos incluidos) para las familias que todavía están en el mercado protegido.

Además, la reducción del consumo no sólo será buena para tu bolsillo, sino también para el planeta: de hecho, se estima que habrá una reducción neta de 142 mil toneladas de emisiones de CO2 a la atmósfera. Para dar un orden de magnitud, se trata de un impacto ambiental comparable al que se obtendría plantando millones de nuevos árboles cada año.

Los beneficios del horario de verano también se reflejan en los datos históricos: entre 2004 y 2025, se registraron ahorros globales de más de 12 mil millones de kWh. Todo esto se traduciría en un beneficio económico directo para el bolsillo de los italianos, que ascendería a unos 2.300 millones de euros.

A partir de estas ventajas, el proceso parlamentario encaminado a realizar la elección definitiva del horario de verano se desarrolla en la Cámara de Diputados; En junio, la Comisión de Actividades Productivas presentará los resultados de una investigación en profundidad sobre el impacto de la medida y los resultados podrían abrir las puertas a una fase experimental, quizás marcando el último cambio de horario tradicional para los italianos.

Hacer permanente el horario de verano no sólo sería una conveniencia, sino una opción ecológica sin precedentes: cada año, se ahorrarían 720 millones

kilovatio hora y aproximadamente 180 millones de euros, lo que, en términos medioambientales, se traduciría en una reducción de emisiones de 200 mil toneladas de CO2, beneficio igual al que obtendríamos plantando seis millones de árboles.

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