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El calendario de la transición energética italiana se adapta a la realidad, abandonando rigideces ideológicas para abrazar el pragmatismo. Con la aprobación por parte de la Comisión de Actividades Productivas de la Cámara de la Liga de la modificación del decreto de los proyectos de ley, la salida del carbón se pospone de 2025 a 2038. Una elección que marca un cambio de ritmo: menos anuncios y más atención a la estabilidad del sistema del país. La propuesta lleva la firma del líder del grupo, Riccardo Molinari, y ha sido reformulada por el gobierno, encontrando el sólido apoyo de la mayoría. Para los diputados de la Liga Norte, entre ellos Alberto Gusmeroli y Luca Toccalini, se trata de “una elección de sentido común” en un contexto marcado por la inestabilidad geopolítica, la guerra en Ucrania y las tensiones en Oriente Medio.

El núcleo de la intervención es la posibilidad de mantener en funcionamiento las centrales eléctricas alimentadas con carbón como reserva estratégica. No se trata de un regreso al pasado, sino de una herramienta de garantía para resolver cualquier problema crítico de red o deficiencia de infraestructura. En un sistema energético aún en transición, la seguridad del suministro sigue siendo una prioridad no negociable. Esta decisión es parte de un marco internacional profundamente cambiado en comparación con hace unos años. El aumento de los precios de la energía y la volatilidad del mercado han demostrado lo arriesgado que es confiar en vías de descarbonización demasiado aceleradas y no acompañadas de alternativas adecuadas. En este escenario, el aplazamiento hasta 2038 parece ser una medida de equilibrio entre la sostenibilidad ambiental y la sostenibilidad económica. Las críticas de la oposición, desde el Movimiento 5 Estrellas hasta el Partido Demócrata, se refieren al impacto medioambiental y al coste de las emisiones. Pero la disposición no niega la transición: simplemente redefine su cronograma, evitando que las empresas y las familias paguen el precio de decisiones apresuradas.

La llegada del decreto de Energía a la Cámara está prevista para mañana. En cuanto a esta medida, que pretende sobre todo superar el mecanismo ETS (es decir, impuestos sobre las emisiones de CO2 de las empresas para los que aún se espera la aprobación de la UE), el gobierno ya ha anunciado su intención de plantear la cuestión de la confianza. El decreto expira el 21 de abril y el de Montecitorio es sólo el primer paso parlamentario.

El objetivo es cerrar el miércoles y luego enviar el texto al Senado.

Con un mensaje político claro: la seguridad energética es lo primero, y la transición debe ser sostenible no sólo para el medio ambiente, sino también para la economía real.

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