Cuando las cosas se ponen difíciles, los duros se ponen en marcha. Tomando prestada la icónica frase de John Belushi de la película Animal House, los tipos duros en cuestión son los líderes de la selección nacional de Gattuso, que era tan duro en el campo que lo apodaron Ringhio. Sabiendo que mañana será necesario elevar el nivel técnico, la atención se centrará en los jugadores a conservar durante el partido bajo techo o al aire libre contra el Zenica que deberá borrar 12 años de ausencia en el Mundial.
Y si hablamos de dirigentes, no podemos dejar de mirar su activismo en azul: en primer lugar, también gracias a su experiencia internacional en Francia con el PSG y en Inglaterra con el City, Gigio Donnarumma. El portero, de sólo 27 años, contará mañana en la lista de las selecciones italianas con tres campeones del mundo desde 1982 y leyendas indiscutibles del fútbol italiano: 81 jugadores como Franco Baresi, Beppe Bergomi y Marco Tardelli. Para bien o para mal, el capitán italiano y ganador del Yashin 2025 (Balón de Oro de los porteros), heredero del legado de Gigi Buffon, ahora a su lado como jefe de delegación primero del equipo de Spalletti, luego de Gattuso, aprovechó las veladas de gala con la selección. Basta pensar en la noche mágica de Wembley y en el penalti detenido por Saka que nos permitió levantar el trofeo europeo en 2021, pero también en la pesadilla de Palermo ocho meses después, donde fue sorprendido por el disparo ganador del macedonio Trajkovski que nos costó el Mundial de Qatar.
Y luego está Barella, uno de los símbolos de este bloque del Inter que distingue al equipo azul desde hace tiempo. También estuvo presente en Londres para levantar la Copa hace casi cinco años y en Zenica cruzará la meta de 70 camisetas azules (empatado con Mazzola), llegando a -3 de su entrenador Gattuso. Lo que esperamos del centrocampista es este salto adelante después de numerosos partidos con un club que no está a la altura de su reputación. Las promesas de esta selección cuentan no sólo con Nicolò, sino también con Bastoni (43.º partido), que podría incorporarse al Barcelona en junio, con Locatelli (36.º), que en esta temporada de la Juventus vuelve a las glorias de 2021, con Dimarco (38.º), que regala goles y asistencias al club y que ha disputado los siete partidos con el actual técnico, y con Tonali (32.º), protagonista ante Irlanda del Norte. Y si el insustituible Politano (después de Spinazzola es el “mayor” del grupo de Gattuso) repitió ayer que para él y para alguien más “esta podría ser la última oportunidad de jugar un Mundial”, es obvio que necesitaremos goles de nuestros atacantes: probable confirmación para Kean y Retegui, porque el gran motivador Gattuso – que ayer puso a prueba a su equipo durante el partido de entrenamiento en Coverciano contra el Empoli U17 – no prevé ninguna revolución de ningún tipo respecto al jueves. el año pasado, centrándose en certezas y automatismos ya probados.
Y mientras en las redes sociales los aficionados de la Juventus cuestionan la elección de su capitán Locatelli de compartir su velada libre con la selección con los jugadores del Inter, es decir los del equipo rival por excelencia, el grupo piensa en la trampa de Bosnia. Todo esto en el clima (nieve y lluvia se alternan en Zenica, hoy los azzurri no terminarán en el césped del estadio Bilino Polje – campo blanco en bosnio – sino en Coverciano) y en las ganas de éxito del equipo de Sergej Barbarez. Mientras tanto, los balcones de las casas adyacentes al estadio, con capacidad sólo para 8.800 espectadores, se venden por 500 euros…
Y aquellos que observan las supersticiones no pueden evitar suplicar por el nombramiento del árbitro: el francés Clément Turpin, nombrado mejor director de partido por la IFFHS hace apenas tres meses, que también fue el denunciante de aquel desafortunado partido Italia-Macedonia de 2022.