Después de una sentencia en una prisión tradicional, para muchos delincuentes nada cambia. No pueden integrarse a la sociedad y recaer. Pero también existen enfoques sobre cómo pueden funcionar las prisiones.
En el Seehaus Leonberg, cerca de Stuttgart, se aloja a jóvenes que han cometido delitos penales. El pensamiento se llama ejecución de forma libre. Los jóvenes viven en apartamentos compartidos, cada uno con una familia joven. Una jornada muy organizada con sesiones de deporte, limpieza, cocina, entrenamiento y horarios establecidos de descanso y lectura busca estructurar la vida de los jóvenes infractores.
Irmela Abrell es parte del equipo fundador de Seehaus y allí dio vida a otra innovación. Víctimas y perpetradores en conversación son los nombres de eventos en los que un grupo de perpetradores entran en contacto con víctimas de delitos similares. Cihan Arslan cumple una condena de varios años de prisión en Seehaus, también por lesiones corporales graves. Él participa en esa conversación y cuenta su historia.
Finlandia también ofrece una alternativa interesante a las prisiones cerradas. El 33% de sus prisiones están abiertas y funcionando sin muros, vallas ni cerraduras. A diferencia de Alemania, donde la prisión al aire libre se utiliza como fase de reintegración, en Finlandia los delincuentes pueden pasar toda su condena en una prisión al aire libre. El objetivo central es el retorno a una vida social regulada.
Aki Saarinen es el director de la prisión al aire libre “Käyrä” al norte de Turku. Actualmente, en la zona de la antigua escuela viven 50 hombres, entre asesinos y violadores. Los reclusos trabajan, compran localmente, tienen su propia cuenta bancaria y teléfono móvil. Para ello, deberán respetar las normas de la prisión abierta: nada de violencia ni drogas y regresar a tiempo. Este concepto demuestra el éxito. El 85% de los presos permanecen impunes tras cumplir su pena de prisión.