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No se hacían ilusiones. Sin embargo, el anuncio de la liquidación judicial del grupo de transporte Ziegler France y su filial Satra también fue recibido con ira y desesperación. Frente al tribunal comercial de Lille, donde el martes 31 de marzo estaba en juego la suerte de unas 1.500 personas en todo el país, empleados de Roncq (Norte), sede de Ziegler Francia a pocos kilómetros de distancia, pero también de Bretaña o de Bapaume (Paso de Calais), golpeaban las aceras, no lejos de una pancarta apoyada en un árbol que decía: “Nuestras vidas no son paquetes”.

Ira, ¿por qué? “Es un absoluto desperdicio” m esta indignadaY Jean-Louis Borie, abogado de los empleados. “A finales de diciembre nos dijeron que Diane Govaerts, la sobrina del jefe (Alain Ziegler) quien era gerente general, tenía un proyecto apoyado por un fondo de inversión, el cual pediría un préstamo temporal. A principios de enero no hay más dinero. La desembarcaron. Marzo, recuperación legal”, explica Cyril Chollet, mecánico de Satra, la filial con sede en Bapaume. “Todo lo que se construyó se destruyó en unos meses” se queja su colega Alexandre Bazet, conductor. Cuenta su asombro a principios de año cuando descubrió el abismo financiero en el que había caído el grupo Ziegler. “No recibimos ningún aviso, nada” informes mY Jean-Louis Borie, abogado de los empleados.

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