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Una carrera llena de embarazos hacia el Elíseo. Un año después de las elecciones presidenciales en Francia, en un panorama político desorganizado tras las elecciones municipales, fue noticia la candidatura de la secretaria de los Verdes, la ecologista Marine Tondelier, de 39 años, que anunció al mismo tiempo que estaba embarazada de tres meses.

Una decisión con evidentes implicaciones políticas pero también éticas que sitúa a su persona, como mujer y embarazada, en el centro del debate. En una entrevista con el semanario Elle Tondelier, explicó que su campaña presidencial será “algo deportivo”. El suyo es “un bebé milagroso” después de un parto que salió mal y un fallido proceso de procreación médicamente asistida (MAP). “Estoy viviendo un período de claroscuro.

Difícil a nivel político, pero muy feliz a nivel personal, porque estoy esperando un hijo, noticia que me llena de alegría, aunque me haya sorprendido”, afirmó Tondelier, ya madre de un niño. Para la candidata de los Verdes, “hacer una campaña presidencial estando embarazada es algo que, que yo sepa, no ha sucedido muy a menudo en la historia política francesa ni en el extranjero”.

En la entrevista, Tondelier describió el camino que condujo a este embarazo, revelando que quedó embarazada por primera vez después de ser elegida secretaria nacional de los Verdes en 2022, pero sufrió un aborto espontáneo poco después. “No me lo esperaba, fue una experiencia muy traumática, de la que apenas hablé con nadie – dijo -. Fueron semanas muy difíciles”. Luego, junto a su pareja, inició el camino hacia la procreación médicamente asistida, entre “reiterados fracasos” y la propuesta de la fecundación in vitro. “Cuando me hicieron la ecografía, me dijeron que la concepción ocurrió el 25 de diciembre. Esto significa que hay esperanza para todos los que enfrentan el fracaso, y quiero decirles: no están solos”.

Su experiencia, tanto política como personal, volvió a poner sobre la mesa en Francia la cuestión del acceso a las técnicas de procreación médicamente asistida. Tondelier, en efecto, confió en la posibilidad de analizar los embriones antes de la inseminación, dentro de “un marco bien definido”, como se hace “en muchos otros países europeos”, considerando que esta práctica está prohibida en Francia.

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