Alessio Boni habla de trabajo, de decisiones personales y de familia: “Estoy constantemente en movimiento por motivos de trabajo: entre el teatro, las presentaciones de Don Quijote en el cine, un proyecto independiente al que estoy profundamente apegado”.
Hablando del personaje, explica su planteamiento: “No hay que actuar como Pierrot. Don Quijote realmente cree en él: es alguien que ve más allá, desenmascara las injusticias y quiere ayudar a los pobres y marginados”. Un papel que parece muy actual: “Ya en aquella época hablaba de los más pobres, de los campesinos, cuando la literatura todavía estaba reservada a las élites”.
Luego un momento personal y conmovedor: “¿Quién no querría un padre así? Un noble retirado que viste armadura y busca un escudero que ponga orden en el mundo, no por poder sino para mejorarlo”. Y añade: “Verla en el cine también fue conmovedor para mi hijo: lloró al verla”.
La dificultad de interpretar figuras reales: “Cuando interpretas una leyenda como Walter Chiari, te tiemblan las muñecas. Su hijo Simone me ayudó mucho. No sabemos con certeza cómo era para Caravaggio, pero para Chiari lo sabemos: está en la imaginación de todos”.
Luego recuerda el éxito inesperado de Lo mejor de la juventud: “Nos cayó como en un cuento de hadas. Al principio nadie quería producirla porque la consideraban demasiado política. Luego, Cannes, el premio, y de repente todo el mundo la quería. No estábamos preparados: sólo teníamos una copia de la película, la que llevamos al festival”.
El éxito fue deslumbrante, en París permaneció en los cines durante un año”
Sobre las propuestas del cine internacional, dijo: “Me llamaron de todo el mundo, desde Francia hasta América, también con grandes propuestas. Pero no quería hacer algunas bromas como el estereotipo italiano en las películas extranjeras”.
Finalmente, un repaso a su vida privada con su pareja Nina Verdelli: “Dedico el mayor tiempo posible a mis hijos”