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(Adnkronos) – En el Centro de Estudios Americanos de Roma tuvo lugar un debate sobre uno de los temas más sensibles para el futuro europeo: la relación entre innovación tecnológica y regulación. El encuentro, impulsado por Meta y Adnkronos, reunió a representantes del gobierno, parlamento, empresas y asociaciones, con el objetivo de sacar a relucir diferentes puntos de vista sobre una cuestión cada vez más estratégica.

Del debate, abierto con la intervención del Ministro de Medio Ambiente y Seguridad Energética, Gilberto Pichetto Fratin, surgió una conciencia compartida: el desarrollo tecnológico, particularmente en el campo de la inteligencia artificial y de los dispositivos digitales avanzados, ya no es sólo un factor económico, sino una palanca que incide directamente en el ejercicio de los derechos. El acceso a la salud, la inclusión, la información y la capacidad de producción están cada vez más vinculados a la difusión de nuevas tecnologías.

En este contexto, el tema de la regulación europea parecía central. Varios oradores destacaron que el proceso regulatorio de la Unión, a menudo largo y complejo, corre el riesgo de generar normas que ya están obsoletas en el momento de su aplicación. Un efecto que puede suponer un freno a la competitividad, especialmente en sectores con una alta velocidad de innovación.

El caso de los wearables y, en particular, de las gafas inteligentes, ha sido calificado de emblemático. Es uno de los pocos sectores de la electrónica de consumo en el que Europa, y en particular Italia con EssilorLuxottica, conserva una posición de liderazgo industrial que, por el contrario, se ha perdido en muchos otros sectores. Sin embargo, algunas regulaciones creadas con objetivos ambientales, como el Reglamento europeo sobre reemplazabilidad de baterías, corren el riesgo de tener un impacto directo en el diseño, la seguridad y la sostenibilidad económica de estos productos, poniendo en tela de juicio cadenas de suministro industriales enteras.

En términos más generales, el debate reveló numerosas críticas a lo que se percibe como “hipertrofia regulatoria”: un sistema caracterizado por un alto nivel de producción regulatoria, una multiplicidad de autoridades y una fragmentación excesiva entre los diferentes Estados miembros. Un marco que puede generar incertidumbre, frenar las inversiones y limitar la capacidad de innovar.

Además de la dimensión regulatoria, también se destacó un tema cultural. Se ha observado que en Europa la innovación sigue percibiéndose más como un riesgo que hay que contener que como una oportunidad que hay que promover. Una visión que contrasta con la de otros grandes actores mundiales, como Estados Unidos y China, donde la batalla por la dominación en el campo tecnológico está ahora en el centro de las decisiones políticas económicas, industriales e incluso militares.

De ahí la necesidad, que apareció en varias intervenciones, de un cambio de paradigma: no sólo simplificar las reglas, sino también reconocer la innovación como un elemento central de las políticas públicas. En este sentido, se recordó el concepto de “derecho a la innovación”, entendido no sólo como la libertad de realizar investigaciones y negocios, sino también como el derecho de los ciudadanos a beneficiarse del progreso tecnológico, como ocurrió antaño con los derechos sociales.

La comparación también destacó el rezago de Europa en algunas áreas clave, como la inteligencia artificial y la infraestructura digital, en medio de una creciente demanda de TI y capacidad energética. Un cambio que ya está transformando sectores industriales enteros y que requiere políticas capaces de apoyar, y no perseguir, la innovación.

Finalmente, la dimensión geopolítica de la cuestión surgió con fuerza. La capacidad de Europa para mantener un papel relevante dependerá de la posibilidad de combinar sostenibilidad, derechos y desarrollo, sin que uno de estos factores sea tan predominante como para abrumar a los otros dos.

La reunión trazó así un panorama complejo, en el que el desafío no es elegir entre regulación e innovación, sino encontrar un equilibrio capaz de transformar las reglas en un factor favorable, y no limitante, para el crecimiento tecnológico europeo.

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