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Giovanni M. Jacobazzi

Michele Emiliano no tiene misión en la región de Apulia. Se acabó la tarantela -o más bien la pizzica de Apulia- que dominó durante meses el Consejo Superior del Poder Judicial. El Palacio de los Marescialli rechazó esta semana, por tercera vez consecutiva, la última, la petición de destituir al exgobernador.

Una decisión unánime que cierra -al menos por el momento- cualquier espacio para las soluciones híbridas construidas en las últimas semanas.

Durante la campaña electoral, Emiliano aseguró: “No quiero ser un problema”. Pero entonces el problema se hizo plenamente visible. El presidente de la región de Apulia, Antonio Decaro (Pd), lo defendió hasta el final, calificándolo de “recurso”. Sin embargo, lo que se suponía que sería una solución técnica se convirtió en un juego cada vez más engorroso y cada vez menos manejable.

La propuesta inicial preveía un puesto de asesor jurídico del consejo regional por un período de un año, y todos los costes, incluida la seguridad social, correrían a cargo de la Región. Un compromiso construido con paciencia, paso a paso, precisamente para evitar el escenario más temido: el regreso de Emiliano bajo la toga. Todos dieron por sentado la luz verde. Y en lugar de eso recibí un número firme. Para conceder la licencia temporal son necesarias dos condiciones: una ventaja para la institución y un desarrollo profesional para el magistrado. Y es precisamente en este segundo punto donde se desestimó la solicitud. ¿Qué tipo de desarrollo profesional podría tener Emiliano de cara a su jubilación? Esta es la pregunta que motivó el voto en contra.

Nadie dentro del MSC expresó ninguna intención de facilitar la operación. El estancamiento que había durado meses ya no era sostenible. Porque el punto ahora está claro: el CSM no puede resolver los problemas del Partido Demócrata y el Palacio Bachelet no es el Nazareno.

Mientras tanto, se han multiplicado las soluciones alternativas, que a menudo rozan la paradoja.

Tras el fracaso de la hipótesis del asesor jurídico, incluso había surgido la idea de nombrar a Emiliano como “comisario externo” de Ilva de Taranto. Una propuesta que ni siquiera ha sido compartida formalmente con el Ministerio de Comercio y Made in Italy. La continua sucesión de soluciones creativas acabó alimentando una percepción cada vez más crítica.

¿Es aceptable infringir las reglas hasta este punto? ¿Es legítimo construir posiciones a medida para evitar un retorno a la justicia que el interesado no desea?
El futuro político de Emiliano ya parece trazado.

El acuerdo interno en el seno del Partido Demócrata, nunca formalizado pero en gran medida dado por sentado, prevé su llegada al Parlamento durante las próximas elecciones políticas. El problema es que este “tiempo suspendido” hasta 2027 se ha convertido en un caso institucional. Tras finalizar su mandato como presidente de la Región, Emiliano tuvo que reingresar al sistema judicial como fiscal. El retorno había sido congelado mientras se intentaba construir una solución alternativa.

A partir de ahora, la encrucijada es inevitable: Emiliano debe elegir. Volver a vestir la toga, comunicar tres localizaciones al CSM o dimitir definitivamente del poder judicial. Las hipótesis restantes son cada vez más débiles. Una cuarta reformulación de la petición de “fuera de rol” parece improbable, casi imprudente.

El paso al Pleno sería un riesgo que nadie, ni siquiera en el ámbito de la justicia progresista, cercano a Emiliano, parece dispuesto a correr. Sin embargo, todavía queda una estrategia de salida: un puesto de asesor en una comuna de Apulia. Éste podría ser el único camino posible que le permitiría presentarse a las elecciones políticas del próximo año sin más sobresaltos. Una solución improvisada para cerrar un caso que ya ha provocado bastante tensión.

Al final, sólo hay un hecho político: este largo juego mostró todos los límites de un sistema en el que intentamos mantener unido lo que no podía hacerlo. El poder judicial y la política siguen reglas diferentes, tiempos diferentes, lógicas diferentes.

Cuando se intenta forzarlos, el resultado es obvio: meses de negociaciones, suposiciones, retrocesos y rechazos. Una pizca de Puglia, en efecto. Que finalmente parece haber llegado al final de la línea.

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