Frente al mar y a la bandera tricolor, un pequeño grupo de cadetes vestidos de ceremonia -uniforme azul oscuro con botones dorados, polainas y guantes blancos- blanden sus sables. Lo recibieron de manos de sus “padres”, los alumnos de segundo año, un mes después de su incorporación, como todos sus antecesores desde 1867. La “Baille”, como se apoda a la Escuela Naval, no bromea con sus tradiciones.