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Trescientos mil no es una cifra pequeña, sino todo lo contrario. Sobre todo si poco a poco se fueron acumulando, primero ciento cincuenta mil por la tarde, luego doscientos mil y luego cada vez más… El concierto de Andrea Bocelli el sábado por la noche en el maravilloso Zócalo de la Ciudad de México fue signo de popularidad no sólo mundial sino extremadamente participativa y transversal. Hubo un público de todas las edades bajo el escenario del concierto mexicano que celebró el 30 aniversario de Romanza, el álbum que lanzó definitivamente a Bocelli y que, al mismo tiempo, también marcó un punto de inflexión en la difusión de la música clásica en todo el mundo. Durante estas tres décadas, Andrea Bocelli ha construido un carácter que aún hoy es inimitable. No es casualidad que haya actuado para 4 Papas y 4 Presidentes de los Estados Unidos, haya cantado en los eventos deportivos más importantes del planeta, desde la Copa Mundial de la FIFA hasta los Juegos Olímpicos y, a través de su Fundación Andrea Bocelli con el lema “Empowering People and Communities”, haya recaudado y donado millones y millones de euros para buenas actividades en Italia y en todo el mundo.

Y su concierto da buena idea de ese equilibrio entre talento y fama, entre repertorio clásico y piezas de la gran tradición melódica italiana que son imprescindibles. Especialmente en el extranjero. Especialmente si hay trescientos mil espectadores.

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